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Marina.T. Zarzuela. I. Garcia. Crítica PDF Imprimir E-mail
Escrito por José R. Díaz Sande   
Domingo, 24 de Marzo de 2013 19:28
 
MARINA
UNA INOLVIDABLE VELADA

MARINA
UNA INOLVIDABLE VELADA
 
 
 SONIA DE MUNCK
FOTO: FERNANDO MARCOS (ENSAYO)
Aunque zarzuela al principio, Marina se ha prodigado, a partir de su estreno en el Teatro Real (1871), como ópera. Dentro del escaso repertorio del mundo operístico español es la que más ha sobrevivido, a nivel escénico, junto a Maruxa de Amadeo Vives.
 
La retoma el Teatro de la Zarzuela en, por decirlo de una vez, en un espléndido montaje, sin recurrir a grandes sofistificaciones o innovaciones. Ignacio García May, el artífice escénico, ha mantenido una cierta tradición narrativa, pero la ha llenado de vida. Ha conseguido que nos creyéramos la historia, más allá de las atrayentes melodías y bellos concertantes, herederos del "bel canto". Marina, a nivel de historia, es un texto que nos produce cierto desconcierto, ya que, si prescindimos de la partitura, nos topamos con unos personajes de línea imprecisa y poco creíbles. Les falta un diseño de trazo más contundente. Ello ha divulgado el apelativo de cursilada, sobre todo en el personaje femenino: Marina. Ignacio, con su puesta en escena, nos ha llevado a una historia que deambula por el drama, aunque, por mandato del texto, el final opte por la felicidad los auténticos enamorados. Tal sazón de drama y final feliz, la convierte en lo que se ha dado en llamar "comedia dramática", como lo son bastante de las zarzuelas rurales del siglo XX (La del Soto del Parral, La Rosa del Azafrán, etc...). Ignacio, con su tratamiento más dramático - "verista" lo ha definido -, ha conseguido que nos creyéramos los personajes.
 
El milagro de que nos creamos la historia, lo ha logrado acudiendo a una plástica un tanto tenebrosa en luces y vestuario, así como en una muy buena dirección de actores, que inyecta en los cantantes soltura de movimientos, desplazamientos y cierta naturalidad, como podría ser el teatro de prosa, sin perder de vista las exigencias del canto. Sobre todo de este canto "belcantista", que, con sus florituras sonoras, conducen al artificio. Tal atractivo artificio, ha llevado a que, tradicionalmente, Marina fuera aceptada, aunque la puesta en escena siguiera los cánones del cartón piedra. Ese cartón piedra desaparece porque la dirección de Ignacio ha dotado de entidad a unos personajes, que, en el libreto, resultan endebles.  Posiblemente, el que no acaba de resucitar dramáticamente del todo es el personaje de Pascual, al que el autor del libreto le ha dotado de un exagerado e irreal primitivismo afectivo. En un plis-plas le inyecta el amor y se lo "desinyecta". En el libreto, Pascual "(que ha oído las últimas palabras)" canta "¡Niégame que es tu amante!", y lo que ha oído es:
 
Alberto: "¡Adiós, Marina!
Marina: ¡Adiós! ¡ Adiós!
Alberto: Cuando esté lejos, ¡acuérdate de mí!
Marina: ¡Adiós!
Alberto: ¡Adiós! (Se va)
 
En una lectura realista, diríamos que no es para ponerse así, sobre todo cuando Marina no le ha prometido nunca nada.  Tal reacción sólo es aceptable en ese "convencionalismo" que puede tener el teatro. Sin embargo Ignacio ha encontrado un artilugio para que tal sospecha entre en el alma enamorada de Pascual. Marina se despide de Alberto con un beso en la mejilla, y ahí, en la sombra, está Pascual. Sirva esto de ejemplo para mostrar el estudio interno que ha hecho de los personajes, dotándolos de mayor entidad y dramatismo.
 
Todo el espectáculo, como he dicho, está barnizado de colores terrosos de diversas gamas, lo cual proporciona el dramatismo que conlleva la historia a partir del desengaño de Jorge, por tener que conceder la mano de Marina, a la que ama, a Pascual. Desde ese momento el alma de todos los personajes se llena de negrura, incluso el coro que, al inicio del segundo acto, susurra: "La novia no parece/ muy satisfecha estar/del llanto las señales/ se notan en su faz". A partir de entonces el drama queda patente, un drama mascullado a medias palabras entre los personajes. Y aquí hay algo que distorsiona ese tenebrismo. Hasta que llega ese momento la playa del pueblo no atisba la tragedia que se desencadenará. A nivel plástico esto no queda muy patente, ya que el oscuro vestuario y una iluminación no muy radiante, no ayuda a ese optimismo que se supone en todas las primeras escenas del  primer acto. Falta un plástica más alegre y brillante. Por el contrario en el segundo acto, la soledad de Marina entre las costillas del barco en ciernes y su dúo con Roque - dúo retomado de la versión de la zarzuela - nos dan una imagen de un gran dramatismo.
 
Hay que celebrar la escenografía de Juan Sanzy Miguel Ángel Coso. Los tres actos encuentran su espacio adecuado y bello, que combina el realismo con la poesía. Es austero en líneas y muy sugerente. Llama la atención el barco en ciernes del segundo acto, que con pocos elementos, el costillar del barco, consigue una gran ambientación poética y dramática. Y dentro de este mundo escenográfico hay que alabar la funcionalidad de ella, que permite fluida la transición entre el primer y segundo acto a la vista del público.
 
De Marina son míticos el preludio y el intermedio, cuya sonido de la tuba ha terminado por ser proverbial. Ignacio los ha aprovecha como banda sonora para ilustrar y ambientar la escena, desarrollando pequeñas historias en vez de dejar que el telón bajado nos obligue, solamente, a escucharlo. Funciona, pues, nos presenta toda la historia como un continuum.
 
Apartándose de otras versiones el vestuario de Pepe Corzo, olvida el folklorismo. Era proverbial utilizar los trajes regionales, en este caso el catalán, para vestir a los personajes, e incluso recurrir al llamado traje de fiesta, lentejuelas incluidas, para Marina. No digamos el impoluto uniforme blanco para Jorge. El artificio estaba servido. Aquí todo eso se ha destruido. Los trajes son más toscos, proporcionado credibilidad y al mismo tiempo una agradable teatralidad. Esta elección deja de connotar el sitio, Lloret de Mar, y transporta la historia un "lugar", cualquiera, en el que se fragua la penosa lucha del día a día, con su trabajo y sus desengaños.
 
Esta acertada plástica y dirección de actores, se olvidarían pronto si la interpretación musical no fuera excelente. Lo es. Y, como ya he dicho antes, lo es también la parte interpretativa.
 
Se ha recurrido a tres elencos.  El día 16 de marzo los intérpretes eran: Sonia de Munck (Marina), Antonio Gandía (Jorge), Luis Cansino (Roque), Marco Moncloa (Pascual). A Sonia de Munck la descubrí, hace años, en El Relámpago, que rescató del olvido Ópera Cómica. Me llamó la atención. La temporada pasada, en el Teatro de la Zarzuela, acudió con El estreno de un artista (CLIKEAR). Tampoco defraudó. En esta Marina, nos ha brindado un brillante interpretación vocal, límpida y con una inspirada matización en los sobreagudos. Su rondó final, un capricho musical del compositor, hizo las delicias del respetable. Si algo se recuerda de Marina son sus romanzas "Pensar en él", "Oh grato bien querido" y el rondó final. Son dos partituras "belcantistas" impactantes, de las que se espera una cristalina ejecución. Sonia de Munck lo consigue.
 
Antonio Gandía es Jorge. Llama la atención su clara vocalización, y la seguridad de una amplia tesitura de tenor. Brillante sus "Costas las de Levante", que recuerdan las del mítico Hipólito Lázaro - se pueden oír en la versión discográfica de 1929, con Mercedes Capsir -, hasta el punto que es una voz muy similar.
 
Luis Cansino interpreta al desmitificador Roque. Es barítono de contundente voz, con gran soltura sobre el escenario a todos los niveles.
 
El personaje de Pascual, en uno de estos repartos, y este es el caso, se encomienda a la cuerda del barítono, siendo el original un bajo. No se entiende muy bien por qué. Le toca el personaje abaritonado a Marco Moncloa, cada vez más presente en el Teatro de la Zarzuela y con un ascenso en estos últimos años.  Este traslado de cuerdas lleva a que, sobre todo en los concertantes, hay menos contraste vocal entre Roque y Pascual, que se supone un bajo profundo, al menos en la tradición. Claro que esto no quiere decir menos calidad en Marco a la hora de interpretar los dúos.
 
La orquesta, bajo la batuta de Cristóbal Soler, cumplió bien su cometido y consiguió un equilibrio entre voces y sonoridad orquestal.
 
Se ha recuperado la sardana del segundo acto, aunque en alguna otra versión que vi ya se bailaba una sardana, aunque no me acuerdo si la partitura era la compuesta por Arrieta, o bien se había echado mano de una melodía como tantas otras. En esta versión es la partitura de Arrieta. Se ha coreografiado alejada de la exquisitez del baile de salón, que parece tener, y más enraizada en lo popular. Prefiere la discreción de movimientos, el cual cobra auge y cierta espectacularidad al incorporarse todo el coro con los brazos en alto.
 
Cantantes, orquesta, coros y puesta en escena han conseguido una brillante velada, y además creíble en su historia. De todos modos, oyéndola de nuevo, el secreto de que una Marina más o menos convencional en su historia, haya sobrevivido se debe a que su partitura posee una gran inspiración, un efectismo en los concertantes y unos sobreagudos que dejan en suspenso el aliento.  
 
Y para terminar, un recuerdo. Tradicionalmente, al menos en Barcelona, en las famosas Seguidillas de Roque, "Oliendo a brea, Oliendo a brea", con el golpe musical, el público lo acompañaba con un pateo brusco sobre el suelo. Esta "interacciones" - llamémosle así con la terminología actual - eran frecuentes en algunas zarzuelas. Aquí el público o no conoce el momento popular de su intervención o no se atreve en un coliseo como el Teatro de la Zarzuela. Aunque no tiene más importancia que la de un rasgo cómico, lo eché de menos, y no era cosa de que yo me quedara solo, con el golpe sobre el suelo.
 
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DOS MARINAS SENTIMENTALES

MERCEDES CAPSIR MARÍA FRANCISCA CABALLER
   

Permítanme una última apostilla, de tipo sentimental: el recuerdo de dos intérpretes de Marina, Mercedes Capsir (1899 - 1969) y María Francisca Caballer (1927 - 1999).

A la mítica cantante catalana Capsir, sólo la pude escuchar a través de disco,  el único sustancialmente completo de la obra. Yo lo recogí ya en discos de vinilo, pero provenían de los discos de pasta de 78 revoluciones/minuto.  Allí le acompañaban otros mitos de la época: Hipólito Lázaro (Jorge), Marcos Redondo (Roque) y José Mardones (Pascual). La escuché durante muchos años.
 
Con la Caballer tuve más fortuna, pues pude verla en varias Marinas en aquellas compañías de repertorio de los años cincuenta. Marina terminó por ser una de sus preferidas, dentro de su amplio repertorio de zarzuelas, entre las cuales estrenó María de la O y El Cafetal de Ernesto Lecuona; María Blanca de Ron y Vidal, Viento del Sur de Arrámbari, y Las de Caín de Sorozábal. Su coloratura era muy peculiar y todavía se le puede escuchar en una versión discográfica - vinilo pasada a CD - en compañía de Luis Sagi-Vela (Roque), Fernando Bañó (Jorge) y Joaquín Deus (Pascual). Recorrió toda España e Hispanoamérica, y su retirada fue en Caracas (1991) interpretado a la Duquesa Carolina en Luisa Fernanda. Se movió preferentemente en el mundo de la zarzuela pero hizo sus incursiones en la ópera con La Traviata, Rigoletto y Lucía de Lamermour.
 
 
     
 
 
 
Título: Marina
Libreto de la zarzuela: Francisco Camprodón
Libreto de la ópera (Revisión): Miguel Ramos Carrión
Música: Emilio Arrieta
Escenografía: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso
Vestuario: Pepe Corzo
Iluminación: Paco Ariza
Asesora de movimiento escénico: Fuensanta Morales
Ayudante de dirección:Antonio C. Guijosa
Ayudante de escenografía: María Luisa Talavera
Ayudante de vestuario: Isabel Cámra
Ayudante de Iluminación: Daniel Checa
Asistente de escenografía: Marianela Morales
Realización de escenografía: Proasur
Realización de vestuario: Sastrería Sifuentes
Creativas de Prototipo: Frnacisca Barrientos y Dionisia Chávez
Teñidos y focalizaciones: Jorge Valdez
Utilería: Hermanos Mateos
Intérpretes:
Marina: Mariola Cantarero (días 15, 17, 20, 22, 24, 27 y 30 de marzo; 5 y 17 de abril)/Sonia de Munck (días 16 y 23 de marzo; 3, 6, 10, 12, 14, 18 y 20 de abril)/Carmen Romeu (días 21 y 31 de marzo; 4, 7, 11, 13, 19 y 21 de abril)
Jorge: Celso Albelo (días 15, 17, 20, 22, 24, 27 y 30 de marzo) / Antonio Gandía (días 16 y 23 de marzo; 3, 5, 7, 10, 12, 14, 17, 19 y 21 de abril)/ Mikeldi Atxalandabaso (días 21 y 31 de marzo; 4, 6, 11, 13, 18 y 20 de abril)
Roque: Juan Jesús Rodríguez (días 15, 20, 24 y 27 de marzo; 5, 7, 10, 14 y 20 de abril)/ Luis Cansino (días 16, 21, 23 y 31 de marzo; 3, 6, 12 y 18 de abril)/ Ángel Ódena (días 17, 22 y 30 de marzo; 4, 11, 13, 17, 19 y 21 de abril)
Pascual: Simón Orfila (días 15, 20, 24 y 31 de marzo; 3, 5, 11, 18 y 20 de abril)/
Marco Moncloa (días 16, 21, 23 y 30 de marzo; 7, 13, 19 y 21 de abril)/ Rubén Amoretti (días 17, 22 y 27 de marzo; 4, 6, 10, 12, 14 y 17 de abril)
Alberto: Gerardo Bullón
Teresa: Aránzazu Urruzola* / Graciela Moncloa*
Un marinero: Román Fernández-Cañadas* /Mario Villoria*
* Miembros del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela
Menor: Paula González/ Leire González
Figuración: Serguio Castelar, José Antonio Cobián, César Diéguez, Elena Dueñas, Miguel A. Eduardo, Morgane Jaudou, Celia Pérez, Marcos Rivas, Marta Suárez y Marcela Yurfa
Rondalla: Manuel Fernández, José Manuel Juárez, Álvaro López, José Olalla y Gorka Tardón
Orquesta de la Comunidad de Madrid
Titular del Teatro de La Zarzuela
Coro del Teatro de La Zarzuela
Director del coro: Antonio Fauró
Dirección musical: Cristóbal Soler (días 15, 16, 17, 20, 21 y 22 de marzo; 3, 4, 5, 6, 7, 14, 17, 18, 19, 20 y 21 de abril) / Óliver Díaz (23, 24, 27, 30 y 31 de marzo; 10, 11, 12 y 13 de abril)
Dirección de escena: Ignacio García
Estreno en Madrid: Teatro de la Zarzuela, 15 - III - 2013
 
 SONIA DE MUNCK /CELSO ALBELO
(ENSAYO)
 
 ASTILLERO (SEGUNDO ACTO)
FOTOS: FERNANDO MARCOS


José Ramón Díaz Sande
Copyright©diazsande


TEATRO DE LA ZARZUELA
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Última actualización el Lunes, 25 de Marzo de 2013 09:36
 
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