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Esperando a Godot. Reseña 1987. Crítica. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Florencio Segura.   
Jueves, 29 de Abril de 2010 09:20
ESPERADNO A GODOT
SAMUEL BECKETT

[2005-11-16]

El crítico refleja la discusión que suscitó la obra desde su estreno. Hay quienes querían buscar a Dios en ese Godot y otros la Nada...


RESEÑA (JUNIO, 1967)
NUM. 18, pp.205-207

ESPERADNO A GODOT

SAMUEL BECKETT

El crítico refleja la discusión que suscitó la obra desde su estreno. Hay quienes querían buscar a Dios en ese Godot y otros la Nada. El Teatro Comercial en Madrid se había decidido a montar un texto que podría ser un fracaso para el público medio del teatro. No obstante en la España de finales de los sesenta se comenzaba a estrenar lo que hasta el momento había sido clandestino clandestino.



RAFAEL ARCOS (ESTRAGÓN)
ARTURO LÓPEZ (VLADIMIR)

Título: Esperando a Godot
Autor: Samuel Beckket
Intérpretes: Rafael Arcos (Estragón), Arturo López (Vladimir),
Fabio León (Lucky)

Estreno en Madrid: Teatro Beatriz, 1967


Sensación ambivalente la del público - público medio - que abandona el teatro Beatriz después de cada representación de la pieza de Beckett. Y dos preguntas fundamentales: ¿Es esto teatro? ¿Qué quiere decirnos el autor? Dos preguntas justificadas ante una obra oscura, enigmática, y que rompe radicalmente con todas las leyes de estructura dramática.

¿Qué significa, qué quiere decir esta obra? ¿Son sus cinco personajes - Wladimir, Estragón, Pozzo, Lucky y el niño símbolos de algo? ¿Se completan y necesitan inevitablemente entre sí Wladimir y Estragón, de tal modo que sean, que simbolicen dos aspectos esenciales de un mismo hombre? ¿Se complementan a su vez Pozzo y Lucky, mera representación de las dos realidades cuerpo y alma? Esta disposición en parejas, ¿es un símbolo de la humanidad dividida en dos grupos fundamentales? El niño que aparece al final de los dos actos y que tiene también su correspondiente complemento - un hermano que guarda ovejas, él mismo guarda cabras- ¿vuelve una vez más a recordarnos a esa humanidad dividida - tal vez Caín y Abel - en dos sectores contrapuestos?

¿Y ese sexto personaje, obsesivamente nombrado y que no viene: Godot? ¿Quién es Godot? Hay interpretaciones para todos los gustos. Para unos es un claro diminutivo de la palabra God (DIOS) - así de Charles sale Charlot, de Pierre, Pierrot -. Para otros no sería precisamente Dios sino algo más general que representaría lo trascendente al hombre, llámese Dios, religión, Buda, etc. -:”esperando a un tal Godet, Godot, Godin…” -, dice Pozzo como insinuando las variaciones de un mismo tema fundamental. Eric Bentley cree que es una alusión aun personaje de Balzac, Godeau, que aparece en una de sus comedias – días - Le Faiseur o Mercadet -, personaje inventado por el protagonista Mercadet para zafarse de sus acreedores echándole la culpa de todo a ese imaginario Godeau que habría huido con la caja robada. «Todo el mundo tiene su Godeau ... », es decir, una excusa, una pantalla a la que echar la culpa de nuestras dificultades. En fin, para que no faltara la nota grotesca, ha habido incluso algún crítico que hace años creyó que Godot era un doble de De Gaulle (!)

De entre la selva de interpretaciones - ingeniosísimas, sutilísimas- que se han dado a la obra, quisiera ahora destacar dos fundamentales que son diametralmente opuestas: la cristiana y la nihilista.

INTERPRETACIÓN CRISTIANA

Para los críticos que defienden el sentido cristiano de la obra - Fraser, MacCoy, Kenneth, Rexroth, Leonard Pronko, Edith CERN - son motivos esenciales: la amistad entre Wladimir y Estragón, la alusión a los dos ladrones crucificados con Cristo, la esperanza incansable y fiel de los dos vagabundos y el árbol que en el segundo acto aparece con hojas.

a) La amistad de Didí y Gago sería un llamamiento a la hermandad universal, un canto a la solidaridad o más radicalmente aún la solución definitiva y cristiana: Godot no tiene que venir porque la esperanza y el amor hacia Dios ha de convertirse en amor por los demás, en ternura y desvelo por nuestro prójimo que representa a Dios; ternura y desvelo de Wladimir arropando a Estragón o dándole de comer, amor de estos dos vagabundos sencillos e ingenuos que no saben separarse el uno del otro, que sufren cada uno con los dolores del otro.

b) La alusión a los dos ladrones significa esta división radical de la humanidad en elegidos y condenados. “Uno de los ladrones se salvó. Es un buen porcentaje”, comenta Wladimir. Pozzo, cuando intenta vender a Lucky en el mercado de San Salvador - Martin Esslin advierte la significación del nombre “Salvador”- ¿está intentado salvarse él, apoderarse de ese 50 por 100 de probabilidades al deshacerse de su pareja Lucky? Cuando aparece ciego en el segundo acto se repite la alusión a las dos categorías de hombres: Estragón llama: “¡Abel! ¡Abel!“, y responde Pozzo; vuelve a llamar Estragón: “¡Caín! ¡Caín!”, y al responder otra vez Pozzo, comenta Estragón: “Es toda la Humanidad.” El muchacho que guarda cabras es bien tratado por Godot, mientras su hermano que guarda ovejas es golpeado por Godot. De nuevo la alusión a Caín y Abel, a réprobos y elegidos. (En el Evangelio de San Mateo, 25, 33, se habla del Juicio final: “Serán congregadas todas las gentes, y las separará unas de otras, como el pastor separa las ovejas de los cabritos; y colocará las ovejas a su derecha y los cabritos a la izquierda”.) En una interpretación cristiana de estos datos habría que deducir que sólo se salvan los que esperan - Wladimir, Estragón y precisamente la labor cristiana de Wladimir será convencer a Estragón - siempre más escéptico y con un miedo terrible a ser condenado - de que deben permanecer esperando a Godot: Wladimir: “ ... Tenemos la suerte de saberlo. Sí; en medio de esta inmensa confusión, una sola cosa está clara: esperamos que venga Godot.” Estragón: “Es verdad... “ Wladimir: “No somos santos; pero hemos acudido a la cita. ¿Cuántos pueden decir 10 mismo?”

c) En el segundo acto, el árbol que antes estaba seco, ha echado hojas. De ahí deduce McCoy que en realidad ya ha llegado Godot, aunque los dos vagabundos no se dan cuenta de ello. El árbol seco, la Cruz, se hace árbol de Vida, es decir a toda esperanza atormentada sucede ya el deseo cumplido, según la frase de la Sagrada Escritura (Proverbios, XIII, 12): “La esperanza que se prolonga es tormento del corazón; mas árbol de vida es el deseo cumplido.” Beckett - en la versión inglesa- ha puesto en labios de Wladimir una alusión directa a esta frase del libro de los Proverbios: Wladimir: “Hope deferred maketh the something sick.” Si esta interpretación es válida, Dios estaría presente en todo el segundo acto, habría castigado a Pozzo con la ceguera por haber intentado vender a Lucky y seguiría sosteniendo ocultamente la esperanza de los dos vagabundos que sería ahora ya, no la incertidumbre de la existencia de Dios, sino la inseguridad de todo hombre viator que debe vivir en este mundo “con temor y temblor”, atormentado tal vez a veces por el problema de la predestinación, pero esperanzado siempre en la llegada definitiva de Dios.

INTERPRETACIÓN NIHILISTA

Pasemos ahora brevemente a exponer la interpretación nihilista, totalmente contraria a la anterior. Para los críticos que sostienen esta interpretación - Ruby Cohn, Charles Glisksberg, Rossette Laman, George Wellwarth -, el tema de la obra no es otro que “la inutilidad del pensamiento y la consiguiente absurdidad de toda acción humana...; toda verdad última se encuentra para siempre allende la frontera de la mente humana, y por consiguiente la verdad no existe de modo efectivo. Esta desperanzay desamparo en medio de un universo ignoto e incomprensible son los que han conducido a Beckett a la salvaje integridad de su pesimismo. Beckett hace que a su lado Schopenhauer parezca un alegre optimista y Nietzsche un creyente devoto”. Estas frases rotundas proceden de la pluma joven - demasiado segura de sí misma - de George Wellwarth. La alusión a los dos ladrones sería sólo la prueba de que Beckett cree imposible el análisis de una verdad religiosa, que se apoya en contradicciones: de los cuatro evangelistas sólo uno dice que se salvó uno de los ladrones, dos no mencionan el hecho y el cuarto dice que ambos maldijeron a Cristo. No podemos saber con certeza nada, todo - aun las verdades más necesarias para fundamentar y dar sentido a nuestra vida - es confuso, arbitrario y absurdo. La espera de los dos vagabundos es inútil, Godot nunca vendrá. Ni siquiera saben con certeza quiénes son ni dónde están, ni reconocen fácilmente el sitio de la cita, ni son reconocidos por el muchacho o los otros dos con quienes se encuentran. El que el árbol tenga hojas en el segundo acto significa tan sólo el paso del tiempo, un cambio de estación, que no ha traído cambio alguno a la situación desesperada de los vagabundos.

Estas serían - en bloque y sin matizar- las dos actitudes críticas más opuestas acerca de Esperando a Godot. Irreconciliables.

¿Se puede decir todavía algo nuevo, es posible un nuevo intento de interpretación? Las líneas que siguen pretenden modestamente acercarse una vez más a esta obra controvertida, tan rica en motivos y sugerencias.

HACIA EL TEMA FUNDAMENTAL

¿Cuál es el tema fundamental de la obra? Según afirma el mismo Beckett, un texto de San Agustín: “No desesperes: uno de los ladrones se salvó. No confíes demasiado: uno de los ladrones se condenó." ¿No podría ser acaso este texto un intento de conciliación entre las dos interpretaciones contrarias? Siguiendo la estructura doble de la frase agustiniana, doble sería también el mensaje de Beckett al espectador de su obra: “No confíes demasiado. No desesperes.” La primera frase se acercaría a la postura nihilista, la segunda a la cristiana. Tal vez el texto central de la obra sea el famoso discurso de Lucky del primer acto. Un monólogo incoherente y larguísimo, parodia de una argumentación lógica: a través de sus razonamientos inconexos Lucky nos muestra la inutilidad del pensamiento científico moderno. He subrayado esta última palabra porque la considero clave para una recta interpretación de pensamiento de Beckett. No es lo mismo hacer una crítica radical de la ciencia moderna que hacer una crítica absoluta y total de todo conocimiento.

El mismo Wellwarth, uno de los más apasionados defensores del nihilismo de Beckett, se ve obligado a admitir: “Beckett deja entender que la impotencia humana en cuanto a pensamiento y acción data sólo de los tiempos modernos.” Beckett, como casi todos los autores del Teatro del Absurdo está desengañado de la ciencia y de la técnica, de todo este intelectualismo exacerbado que ha deshumanizado al hombre actual. Ciencia y técnica que, aliadas con el poder totalitario y abusivo, han servido, entre otras cosas, para llevar a los hombres a una guerra mundial. ¿No podría resumirse la primera parte del mensaje de Beckett en las palabras: “No confíes demasiado en la ciencia ni en el poder, porque no pueden salvar al hombre”? Pozzo es el poder tiránico que necesita a Lucky para que piense por él. Pero Lucky, que “solía pensar muy bien antes”, ahora sólo profiere una sarta de incoherencias. Pozzo, que tan seguro de sí aparece en el primer acto, se in tranquiliza durante el monólogo de Lucky y aparece ciego en el segundo acto.

Pero el hombre es algo más que conocimiento, y dominio tiránico. Además de Pozzo existen también en el mundo dos pobretes - Wladimir y Estragón que siguen esperando por encima de todo. Que no pueden desertar de su cita con lo trascendente ni ahogar en ellos esa tremenda realidad a la que Anouilh llamó “la cochina esperanza”. Una esperanza confusa, incierta pero sencilla y tenaz. Y tan profundamente humana y simpática - para Beckett y para su público - como humanos y simpáticos son sus dos portadores, pobres payasos de la risa y el llanto. Por eso es difícil no sentir ante esta obra de Beckett más que amargura o pesimismo nihilista. Algo hay en la obra que se resiste a ser exclusivamente negro. De ahí esa sensación ambivalente del espectador medio, sin prejuicios librescos, que responde, según creo, precisamente a la doble temática de la pieza. Al doble mensaje - agridulce, agustiniano - del “No confíes demasiado” y “No desesperes”. Entre la presunción intelectualista de la ciencia deshumanizada y la absoluta desesperación nihilsta, Beckett nos ha descrito con simpatía y emoción contenida ese término medio - misterioso, inexplicable- que es la esperanza tenaz de los humildes.

La representación del Teatro Beatriz es correcta sin ser brillante. Rafael Arcos y Arturo López son Estragón y Waldimir en una interpretación ajustada y difícil; tal vez han acentuado escasamente los rasgos circenses, de music-hall, tan importantes en la visión de sus personajes como los momentos serios. Fabio León hace un Lucky inolvidable. Ojalá que el éxito comercial de Esperando a Godot sea el estímulo necesario para seguir representando otras obras del Teatro del Absurdo desconocidas todavía para el público español.

 

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Florencio Segura
Copyright©fsegura

 
Teatro Beatriz
Madrid

 

 
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