Veraneanes..Gorki:Arco Crítica Imprimir
Escrito por Jerónimo López Mozo   
Domingo, 26 de Junio de 2011 17:21

 

VERANEANTES

LAS LARGAS VACACIONES DE LA ÉLITE DIVINA

 

 
 FOTO: ROS RIBAS

Supongamos que en los anuncios del espectáculo y en el programa de mano de Veraneantes no aparece el nombre de Máximo Gorki. Supongamos también que hemos olvidado que el escritor ruso es autor de una obra de teatro con el mismo título estrenada hace más de cien años. Si se dan esas circunstancias, creeremos estar viendo una estupenda comedia firmada por un dramaturgo español actual. Es difícil atribuir su autoría a alguien que no conozca a fondo la España actual. En efecto, a lo que asistimos es a una visión divertida y ácida de esa minoría que se ha alzado con el liderazgo de la sociedad actual y lo ejerce a su manera. El escenario elegido es un chalet playero y, el momento, el de las vacaciones estivales, cuando se supone que aparcamos los problemas cotidianos y nos sumimos en el dolce far niente y en la diversión. Un político trepa en carrera ascendente y su esposa son los anfitriones de un variopinto grupo de parientes y amigos. Entre ellos un empresario de la construcción, un escritor que disfruta del reconocimiento de sus lectores, un músico puro y trastornado, una esposa infiel, una mujer quejica que se ha convertido por propia decisión en criada de todos, algún inconformista a tiempo parcial, algún “vivalavirgen”…

 

Presenciamos episodios que describen crisis sentimentales, conflictos de pareja, maniobras en busca del dinero fácil y toda suerte de artimañas de pescadores en río revueltos. Los personajes no son un espejo de moralidad y, en ese escenario, menos. Sucede que el ocio prolongado conduce al tedio, y el tedio a hurgar en nuestro interior y resucitar viejos fantasmas o a soñar inconfesables y nada inocentes locuras. Esos individuos que creen llevar las riendas del mundo, se muestran como lo que en realidad son: ambiciosos e inmorales, pero, sobre todo, inútiles, rémoras y no motores. Aunque traten de disimularlo, son náufragos. Solo uno de ellos, la esposa del político, encontrará la tabla de salvación que la libre del desastre. Harta de de ser el florero de su marido y el objeto de deseo de los amigos, incapaz de encontrar su sitio en aquella cárcel solo en apariencia dorada, emulará a la Nora de Ibsen, dando un portazo que dejará mudos a todos.

 

Sin embargo,  lo que presenciamos es una versión de la obra de Gorki adaptada a las circunstancias actuales de nuestro país, en la que los personajes han mudado sus nombres originales por los de sus protagonistas. El responsable de ese viaje en el tiempo y en el espacio es Miguel del Arco.    Sorprende la habilidad con la que se ha servido de una obra que describe la sociedad rusa en los albores de la Revolución para,  con escasos cambios en el texto, dar la voz de alarma sobre el peligro que entrañan nuestros mediocres revolucionarios de salón, esos que prometen cambiar el mundo y es posible que lo consigan, aunque no en el sentido deseable. Es curioso que siendo esta propuesta una comedia, resulte más amarga que el original en el que se inspira, pues si en aquél hay personajes que mantienen una actitud positiva ante el futuro, en ésta, todos, instalados en la desidia, la corrupción o el despropósito, nos conducen a un desastre que, más que anunciado, es ya presente.

 

En un escenario rectangular que ocupa el centro de la sala, los personajes acceden a él por sus cuatro vértices y lo hacen a un ritmo vertiginoso, sobre todo en la primera parte, cuando van tomando posiciones de cara a la partida que han de jugar poco después. Asistimos a un verdadero carrusel de entradas y salidas que produce cierta impresión de caos, aunque pronto advertimos que el elemento humano se mueve con la admirable precisión  de la maquinaria de un reloj. No se estorban entre ellos, ni les estorba la limpia y versátil escenografía diseñada por Eduardo Moreno, que recrea a base de lonas y cubiertas de tela la pluralidad de espacios abiertos en que trascurre la acción. La iluminación de Juanjo Llorens, un completo muestrario de luz estival, contribuye a definir los escenarios y hasta subraya la evolución del estado de ánimo de la singular pandilla. Luego, a medida que el ajetreo amaina y va siendo sustituido por las tormentas interiores que afloran, el contenido de la obra se hace más denso y adquiere tintes dramáticos nuevos que nos aproxima  al mundo chejoviano, aunque no llegue a alcanzar el reposo y la profundidad que le caracteriza. Si bien justo es decir que no creemos que del Arco lo pretendiera.

 

Siendo un espectáculo coral con notable presencia de monólogos y diálogos a dos y tres bandas no basta con destacar la labor de conjunto, que roza la perfección. Hay que dejar constancia de calidad los trabajos individuales, en los que no cabe hablar de papeles secundarios. Barbara Lennie es la Norma que se libera y pone a los demás ante la realidad que fingen ignorar; Ismael Elejalde, es la reproducción perfecta de los que se sirven de la política para ser alguien y medrar; Miriam Montilla es la amiga de la anfitriona, criada que, siéndolo voluntariamente, refunfuña; Raúl Prieto es el hombre de negocios permanentemente herido en su amor propio por las veleidades de su esposa Elisabet, interpretada por Elisabet Gelabert, que pasa de todo, excepto de su inclinación a la práctica de peligrosos juegos eróticos; Miquel Fernández es el gracioso de turno, el impertinente hermano payaso de Bárbara; Lidia Otón es el personaje a mitad de camino entre lo espiritual y el hippismo elegante de última generación; Manuela Paso es la mujer poliédrica que alternativamente pasa de ser un encanto por su amabilidad e inteligencia a una señora cargante hasta el hastío; Cristóbal Suárez es el artista integro, uno de los más fervientes admiradores de Bárbara, capaz de dedicarla una sentida declaración de amor; Chema Muñoz pone su sabiduría interpretativa al servicio de un tipo que consumió sus mejores años buscando ser dueño de una inmensa fortuna y se le ha hecho tarde para disfruta de la vida; y, en fin, Ernesto Arias es el novelista que ha dejado de creer en lo que hacía y se ha convertido en el prototipo del escritor cínico y pedante.  

 

Título: Veraneantes

Texto (a partir de la obra de Maximo Gorki): Miguel del Arco
Escenografía: Eduardo Moreno
Iluminación: Juanjo Llorens
Música original: Arnau Vilà
Vestuario: Ana López
Espacio sonoro: Studio 340

Coreografía: Carlota Ferrer
Ayudante de dirección: Aitor Tejada
Asistente de dirección: Andrea Delicado

Producción: Teatro de La Abadía en coproducción con Kamikaze Producciones

Intérpretes: Bárbara Lennie (Bárbara, esposa de Israel), Israel Elejalde (Israel, marido de Bárbara), Miriam Montilla (Miriam), Raúl Prieto (Raúl, marido de Elisabet), Miquel Fernández (Miquel, hermano de Bárbara), Lidia Otón (Lidia, hermana de Israel), Manuela Paso (Manuela), Elisabet Gelabert (Elisabet, esposa de Raúl), Cristóbal Suárez (Cristóbal), Chema Muñoz (Chema, tío de Raúl),Ernesto Arias (Ernesto)

Dirección: Miguel del Arco
Duración aproximada: 2 h. y 30 min.
Estreno en Madrid: Teatro de la Abadía (Sala José Luis Alonso), 13 – IV - 2011

 
 
FOTOS: ROS RIBAS 

 


JERÓNIMO LÓPEZ MOZO
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Última actualización el Martes, 26 de Julio de 2011 11:13