Comedias Bárbara. CDN Valle-Plaza Imprimir
Escrito por Jerónimo López Mozo   
Martes, 03 de Diciembre de 2013 19:45
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UN MONUMENTO DE TEATRO TOTAL

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RESEÑA 1991
NUM. 218, pp. 45-46

COMEDIAS BARBARAS
UN MONUMENTO DE TEATRO TOTAL

En 1991, la época de las vacas gordas y los momentos de euforia sobre las producciones tesatrales, José Carlos Plaza, siendo director del Centro Dramático Nacional monto las Comedias Bárbaras. Hasta ahora se habían representado aisladamente. Fue todo un acontecimiento que obtuvo un gran éxito. La duración era de 6 horas

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FOTO: J. L. MUÑOZ

Representar las Comedias Bárbaras reunidas en un solo espectáculo es un reto que tiene poco de gratuito. A pesar de que su escritura fue dilatada en el tiempo -dieciséis años separan la redacción de Águila de blasón y de Cara de Plata - y de que esa circunstancia determinó ciertas diferencias tanto en el lenguaje - más elaborado en la escrita en último lugar - como en su estructura dramática, la existencia de un único eje temático - la visión terrible de una España crepuscular representada por ese despiadado señor feudal que es don Juan Manuel Montenegro ¬ invitaban a enfrentarse al desafío. Algunos estudiosos - el primero, que yo sepa, fue Alfredo Matilla - avalaban la materialización de esta idea al afirmar que Comedias Bárbaras es, más que una trilogía, una única pieza dramática. Al parecer, otros antes que Jose Carlos Plaza estuvieron de acuerdo e intentaron ponerla en pie. Desistieron seguramente por las dificultades de todo orden que habían de superar. A la vista de la propuesta del CDN las dudas previas sobre el resultado y conveniencia de la empresa quedan despejadas. Hasta tal punto que de las posibilidades que se ofrecen para ver el espectáculo, fraccionado a lo largo de varios días o en una sola sesión de casi seis horas, la última es la más recomendable.

Son mostradas las piezas en el arden que aconseja la acción dramática y no en el que fueron escritas. Es una decisión lógica. Y es así como se ve que Cara de Plata, tal vez tenida por una larga nota a pie de página para dar noticia de quien es quien en la singular familia Montenegro, resulta ser pilar esencial de la bárbara comedia. En ella se halla la semilla cuyo fruto será la destrucción del héroe y de los suyos. Lo que ha de venir queda justificado par lo que en ella sucede. En Cara de Plata están, justo en su arranque, las palabras con que la tropa de chalanes maldice a la casta de los Montenegro y que son el irónico contrapunto de las que en boca de la hueste de mendigos que sigue a don Juan Manuel ponen broche a Romance de lobos. "¡Era nuestro padre! ¡Era nuestro padre!", dicen los miserables. Unos y otros son los grandes y contradictorios paréntesis que contienen la tragedia entera.

José Carlos Plaza la ha dirigido con rigor. A la vista del resultado, el esfuerzo hecho ha merecido la pena. Hay, como en todo empeño de gran envergadura, aspectos discutibles. No son muchos: los aires de zarzuela que envuelven varias de las primeras escenas, el tratamiento de algún que otro personaje, más de un grito y gesto excesivos y la ruptura que se produce en la solución surrealista de la escena del sueño de doña María. Afortunadamente casi todos se acumulan en el inicio del espectáculo de modo que el trabajo de Plaza se va haciendo, a medida que la representación discurre, cada vez más limpio. Y ambicioso. Firmemente apoyado en la magia de la rica y sorprendente prosa valleinclanesca, busca y consigue pronto, que el espectador se le entregue absolutamente. Perdida la noción del tiempo, le lleva de un escenario a otro, algunos sorprendentes por su belleza y otros por la patética atmósfera en que están sumergidos, sin que advierta las dificultades técnicas que hay que superar para realizar tantas mudanzas de decorados - ¿Cincuenta? ¿Ochenta, tal vez? - a un ritmo vertiginoso, casi cinematográfico, y al cabo le empuja, cuando el romance de lobos estalla, al centro mismo de un espectáculo que discurre por los aledaños de la ópera - aquí la música de Mariano Díaz comparte el protagonismo con las palabras - o, si se prefiere, del teatro total. Es fácil, en estas circunstancias, ante un monumento dramático comparable al que Shakespeare levantara con El rey Lear, dejarse vencer por la emoción.

El trabajo de Plaza con los actores ha sido, sin duda, intenso. Ha llegado tan lejos como era posible con una compañía integrada por más de cuarenta miembros. El carácter coral de muchas escenas y la breve dad de algunos papeles disimulan en parte las deficiencias. En algún caso quedan, sin embargo, al descubierto. Las de Toni Cantó, por ejemplo, para llevar a buen puerto al personaje de Cara de Plata. Hay, en cambio, actuaciones sobresalientes. Entre ellas la de José Pedro Carrión, extraordinario Fuso Negro, o las de Carlos Hipólito y Chema Muñoz en los papeles de don Pedrito y don Farruquiño, respectivamente. No puede quedar fuera de esta breve e incompleta relación la excelente labor de Berta Riaza como doña María, de Mónica Cano en La Pichona, de Mari Carmen Prendes en Micaela la Roja y de Pilar Bayona en la mujer de Pedro Rey. La actuación de Jose Luis Pellicena merece unas líneas. A lo largo de Cara de Plata parece contenerse, como si dosificara sus fuerzas. Puede ser una impresión equivocada. Puede que la limitación este en el retrato que Valle dibujara del personaje. Luego, en Águila de blasón y más aun en Romance de lobos, Pellicena aprovecha las enormes posibilidades que brinda uno de los grandes personajes del teatro español para dar con su gesto y más todavía con su prodigiosa voz un verdadero recital de interpretación.

Titulo: Comedias barbaras (Cara de Plata/Águila de blasón/Romance de lobos).
Autor: Valle Inclán.
Vestuario: Pedro Moreno.
Música: Mariano Díaz.
Espacio escénico: José Carlos Plaza.
Producción: Centro Dramático Nacional.
Dirección: José Carlos Plaza.
Intérpretes: José Luis Pellicena, Toni Cantó, Chema Muñóz, Víctor Villate, Joaquín Notario, Roberto Enríquez, Carlos Hipólito. Amparo Pascual, Carlos Lucena, José Pedro Carrión, Mónica Cano, Mari Carmen Prendes, Raúl Pazos, Pilar Bayona, Berta Riaza, Francisco Merino, etcetera.
Duración: 6 horas
Estreno en Madrid:
Teatro María Guerrero (CDN), 8-V-91.

 

 

 

JERÓNIMO LÓPEZ MOZO
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Última actualización el Martes, 03 de Diciembre de 2013 20:34