Master Class. Callas - Aleandro. Crítica Imprimir

MASTER CLASS

MAGNÍFICA VELADA DE NORMA-CALLAS 

 NORMA B
NORMA ALEANDRO
FOTO: PRODUCTORA

María Callas fue una figura legendaria en lo que respecta a su personalidad. También una incógnita emocional, en la última etapa de su vida. Tras su éxito y divismo, se entiende menos su enamoramiento por el armador Onassis, que practicó con la Callas aquello de "sedotta e abandonatta". Dada su altivez en el mundo laboral, al menos es el perfil que las gacetillas vendieron, tal reclusión es difícil de comprender. Con voz de tesitura muy amplia - de soprano a mezzosoprano -  su éxito como cantante ha sido indiscutible. Las grabaciones dan testimonio de ello.

Su aportación al mundo del "bel canto" no se limitó a emitir un sonido magistral, sino que revolucionó el concepto del mundo operístico. Subrayó algo que no era frecuente en el mundo lírico de su época, tanto por parte de la mayoría de los cantantes como de los espectadores. Para ella no bastaba, en la música dramática como es la ópera, emitir entonada y limpiamente las notas del pentagrama musical. Se requería algo más: darle vida a esas notas o, en otras palabras, insuflar de espíritu a las melodías que debían surgir desde lo más profundo, para mostrar los sentimientos del personaje que no era sino el espejo donde mirarse ser humano. Esa fue su eterna batalla y su enfrentamiento con directores,  músicos y cantantes. Batalla que, para muchos, se tradujo en altivez, cuando no soberbia o divismo. Entre múltiples leyendas o realidades que  se le adjudican es el gran bofetón que plantó en la cara del tenor al caer el telón del primer acto.

Esta es la perspectiva con la que se aproxima el autor Terence McNally en Master Class. Asistimos a una clase en la que la Callas imparte a una serie de alumnos, nosotros los espectadores, sobre el "bel canto" y su implicación en el mundo emocional del personaje-actor. Ello da pie, en un segundo plano, a un recorrido de su vida artística y emocional, que muestra su controvertida personalidad, no exenta de dolor.

El género podría calificarse de monólogo, pero Terence McNally ha tenido la inteligencia de adobarlo con la intervención de tres alumnos, que buscan la piedra filosofal para triunfar en el mundo de la ópera. Tres caracteres distintos: el apocamiento, el divismo teñido de lucro  y el reto al mito Callas. Todos encontrarán una respuesta adecuada a su debilidades y grandezas líricas, pero con un denominador común: sentir la música y dar vida a unas notas dibujadas sobre el pentagrama. El escollo que siempre supone un monólogo, como es la artificialidad de por qué un señor o señora se pone a  hablar solo, lo salva al tener como interlocutores reales a los alumnos-espectadores. El que nos cuente su vida entra dentro de la lógica. Mantiene, con acierto, dos tratamientos: la clase como tal, y aislada por un proyector de luz, sus sentimientos más profundos acerca de su vida y su concepción del arte como punto culmen del ser humano que lleva a la trascendencia, más allá del deambular diario. En la relación con los alumnos muestra su faceta, en apariencia, más dictatorial, aunque esa aparente intransigencia tiene como origen su pasión por el ser humano insuflado por la música. Con respecto a los tres alumnos, Terence McNally plantea tres posturas ante el "bel canto" que terminan por ser tres posturas ante la vida.

Norma Aleandro, crea un trabajo magistral en la composición del personaje, llenándolo de matices que va desde el humor a la tragedia contenida, los cuales sabe transmitirlos, eficazmente, al público con fina ironía. Posee un dominio total del escenario. Los tres cantantes Carolina Gómez, Sharon Graham y Marcelo Gómez, además de ofrecernos unos acertados personajes, muestran sus buenas calidades vocales. Hay dos personajes secundarios: el pianista Manny Wainstock, interpretado por Santiago Rosso, y el Utilero, al que encarna Hugo Arguello. Sus intervenciones son esporádicas y puntuales, pero completan la figura de María Callas. El Pianista es un hombre acostumbrado o domado por la Callas, y nada le puede sorprender de una tal mujer. El Utilero pone un contrapunto en la tesis central que arguye la cantante: la música y en consecuencia el canto, y más allá el arte, pertenecen a la esencia del ser humano y le dan su razón de ser. Tesis que, humorísticamente para los espectadores, le trae al fresco. Es una persona que ha hecho de su vida un mecanismo rutinario, al mismo tiempo que está acostumbrado a lo que, para él, pueden ser caprichos de una diva. Nada le asusta, nada le espanta. Su breves interrupciones aportan humor y  sirven de puntuación del espectáculo.

Esta Mater Class ofrece a los espectadores un magnífica velada, y Norma Aleandro muestra el aplomo  de quien domina la escena y que, antiguamente, se llamaba "tener tablas", en lo referente al mundo de los actores, o bien aquello de ser "un animal de teatro".

Los aplausos sonaron generosamente al final, ratificando un espectáculo en el que el ritmo y el interés no decaen en ningún momento, así como su valor interpretativo.

Es una casualidad, pero no deja de ser "chusco", Norma fue una de las interpretaciones magistrales de la Callas. La Callas es una de las interpretaciones magistrales de Norma.

Título: Master Class, María Callas
Autor: Terrence McNally
Versión: Fernando Masllorens /Federico González del Pino
Asistente de escena y puesta de luces: Dana Barber
Diseño vestuario elenco: Pablo Battaglia
Diseño vestuario sra. Aleandro: Gino Bogani
Peluquería: Ethel Veron
Intérpretes: Norma Aleandro (María Callas), Carolina Gómez y Lucila Gandolfo Alternativamente (Sophie de Palma) y Sharon Graham, Marcelo Gómez (Toni Candolino), Santiago Rosso (Manny Wainstock el pianista), Hugo Arguello (Utilero) Lucia Silva (Reemplazo)
Dirección musical: Susana Naidich
Dirección: Agustín Alezzo
Estreno en Madrid: Teatros del Canal (Sala Verde), 9 - X - 2013
RODILLAS B
FOTO: PRODUCTORA


 

 

José Ramón Díaz Sande
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