Carlota. Mihura. Carmen Maura. CDN. Crítica Imprimir

CARLOTA
UN CÓCTEL A BASE DE INTRIGA Y HUMOR

CARLOTA 1 Foto David Ruano b
ANTONIO JIMÉNEZ / CARMEN MAURA
FOTO DAVID RUANO

Es necesario y saludable que el teatro de la llamada “la otra generación del 27” sea desempolvado para tratar de situarle en el lugar que algunos consideramos que le corresponde en la historia del teatro español del siglo XX. Integrada por un reducido grupo de comediógrafos herederos de Gómez de la Serna, algunos ligados a las revistas de humor de la época, ocuparon un lugar importante en el panorama literario de los años anteriores a la Guerra Civil. En buena medida, su actividad teatral se desarrolló durante el franquismo, período en el que gozó de escaso aprecio intelectual, debido, sin duda, a que acabó formando parte del teatro de evasión que propiciaba el régimen, único, por otra parte, que escapaba a los rigores de la censura. Antonio de LaraTono”, Jardiel Poncela, López Rubio, Edgar Neville y Mihura, cabezas visibles de dicha generación, se acomodaron al teatro que se podía representar y lo hicieron con éxito hasta que el prolífico Alfonso Paso se apoderó de los escenarios y expulsó de ellos a sus colegas.

Es cierto que Mihura mantuvo intacto parte de su prestigio entre los críticos solventes gracias a que el tardío estreno de Tres sombreros de copa  le sitúo en el campo de la vanguardia y hasta, para algunos, fue el primer representante del teatro del absurdo, al considerar que, por la fecha de escritura de la pieza, se había anticipado a Ionesco.  Por otra parte, es, junto a Jardiel, el autor más repuesto en los últimos años, si bien la recuperación se ha limitado a un reducido número de comedias. Además de la citada Tres sombreros de copa, Ninette y un señor de Murcia, Maribel y la extraña familia y Melocotón en almíbar son algunas. Por eso era interesante someter a escrutinio otras piezas menos conocidas. Carlota es una de ellas. Lo que en ella se cuenta es la “trágica” historia de su protagonista, una farmacéutica viuda que, para evitar que se repita el tedio que presidió su matrimonio, decide mantener en vilo a su nuevo esposo, un empleado de banca, haciéndole creer que es una asesina.

En el conjunto de su obra, Carlota aparece relegada a un segundo plano. Arturo Ramoneda, prologuista y editor de su Teatro completo, la incluye, junto a Las entretenidas, Milagro en casa de los López, La canasta, La tetera, La decente y El caso de la señora estupenda, en el conjunto de “obras costumbristas, de enredo y policiacas”. Perteneciente a éste último género, de moda en los años sesenta y por el que el autor sentía especial inclinación, es considerada un pasatiempo ingenioso e inofensivo que, en clave de humor inglés, pone en solfa a una tópica y decadente burguesía.

El historial escénico de Carlota es breve. Estrenada en 1957 en el Infanta Isabel, feudo del empresario y director de escena Arturo Serrano, contó con un reparto en el que figuraban, además de Isabelita Garcés, Agustín González, María Luisa Ponte, Julia Gutiérrez Caba y su hermano Emilio. Al margen de dos versiones cinematográficas y otras tantas televisivas y de alguna que otra función a cargo de grupos aficionados, solo ha conocido otra puesta en escena, la que en 1997 se ofreció al aire libre en la Muralla Árabe de Madrid en el marco de los Veranos de la Villa. Con más medios y confiada la dirección a Mariano de Paco Serrano, avalado por una sólida trayectoria profesional, la propuesta del Centro Dramático Nacional es oportuna, como lo fue en 2001 la recuperación de Madre (el drama padre), de Jardiel Poncela.

Mariano de Paco ha afrontado su trabajo teniendo presente lo que el autor opinaba de su obra. Apenas concluida su redacción, Mihura confesaba, con su habitual desenfado, que, habiendo querido crear una simple comedia policiaca con mucha trama y mucho interés, fácil de interpretar y accesible a todos los públicos, le había salido algo raro e inclasificable. No es extraño cuando misterio y humor son metidos en el mismo saco. Humorista por encima de todo, reclamaba que, en la puesta en escena de sus obras, no se perdiera la comicidad, pero, al mismo tiempo, pedía que solo se buscara la sonrisa. El humor que provoca risas, y no digamos ya carcajadas, no le interesaba. Para resolver la ecuación, De Paco ha tenido en cuenta el consejo de Marsillach sobre la conveniencia de hacer en serio este tipo de teatro. Esas son, a grosso modo, las líneas maestras de su propuesta. Pero otra idea está presente en ella: la de realzar la calidad literaria de un texto que, por ser teatral, requiere el concurso de buenos actores. Los elegidos le han facilitado la tarea.

Mariano de Paco ha hecho un guiño al séptimo arte arrancando la representación con la proyección de los títulos de crédito y cerrándola con el clásico the end. Es el marco adecuado para el ritmo cinematográfico que imprime a la acción y para acoger la música y efectos especiales propios de las películas de intriga. Pero el guiño también se convierte en un pequeño homenaje a quien fue gran aficionado al cine y autor de numerosos diálogos y guiones. Ha recreado con mimo la atmósfera que demanda la comedia y, la exposición de los acontecimientos, plagada de quiebras para recrear acontecimientos pretéritos, discurre sin que sufra la fluidez del discurso. Igual delicadeza ha empleado en la confección del reparto y en la dirección de actores. Tratándose de una obra cuya protagonista no relega a un segundo plano al resto de los personajes, era importante que no se produjeran altibajos en el trabajo de sus intérpretes, algo que ha conseguido. Carmen Maura ha vencido su pereza por pisar los escenarios, y ha regresado a ellos al cabo de una muy larga ausencia. Sin dejar de ser ella, para satisfacción de sus admiradores, responde al retrato que nos hacemos de Carlota. Se siente cómoda en el papel. Sensación que transmiten, en los suyos, los demás actores. Alberto Jiménez es el atribulado, hasta que deja de serlo, segundo esposo de la peligrosa viuda; Alfonso Vallejo, el detective con peor olfato de Scotland Yard; Pilar Castro, un ama de llaves más respondona si cabe que las retorcidas y amargadas colegas que pululan por el mundo del celuloide; Jorge Machín, en el doble papel de un muy británico y enamoradizo bobbie y de mancebo de la botica, también afectado por el mal de amores; Pedro G. de las Heras, es el médico de cabecera de Carlota; Natalia Hernández, la jaquecosa, atormentada y mudable amiga de ésta; y, en fin, Antonia Paso, Carlos Seguí y Vicente Diez, con intervenciones más breves, completan un elenco en el que nadie desafina.

CARLOTA GRUPO Foto David Ruano b
 FOTO: DAVID RUANO

Título: Carlota
Autor: Miguel Mihura
Escenografía y vestuario: Felype de Lima
Iluminación: Nicolás Fischtel
Música: Mariano Marín
Espacio sonoro: Javier Almela
Movimiento escénico: Regina Ferrando
Videoescena: Álvaro Luna
Ayudante de dirección: Cuca Villén
Producción: CDN (Centro Dramático Nacional)
Intérpretes: Pilar Castro (Velda Manning), Vicente Díez ( Bill), Pedro G. de la Heras ( Doctor Waths), Natalia Hernández ( Miss Margaret Waths), Alberto Jiménez (Charlie Barrington), Jorge Machín ( Sargento Harris/Fred Sullivan), Carmen Maura (Carlota), Antonia Paso (Mrs. Christie), Carlos Seguí (John Mannung), Alfonso Vallejo (Douglas Hilton)
Dirección: Mariano Paco
Duración: 1 hora y 50 minutos (aprox.)
Estreno en Madrid: Teatro María Guerrero (CDN), 13 - XII - 2013

Los cigarros que se fuman en escena no contienen tabaco


 

JERÓNIMO LÓPEZ MOZO
Copyright©lópezmozo


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