El lago de los Cisnes. B. St. Petersburgo. Crítica Imprimir
Escrito por José R. Díaz Sande   
Miércoles, 09 de Julio de 2014 15:50

EL LAGO DE LOS CISNES
UN SORPRENDENTE BUFÓN

   los dos b
   MARÍA POLUDOVA / ANDREY BATALOV
EL LAGO DE LOS CISNES
FOTO: www.madridteatro.net

El Ballet de St. Petersburgo ha recalado en Madrid, ciudad familiarizada con el aterrizaje de los ballets rusos, preferentemente en verano.  Encuentran público, pues en España, late el deseo frustrado de no contar con ballet clásico, por el momento, aunque la Compañía Nacional de Danza ha iniciado algunos pasos con discreción. En contraposición  Rusia desborda de grupos balletísticos y bailarines. Levantas una piedra y te encuentras más de uno.

Por lo general, estos grupos suelen ofrecer un repertorio popular: El lago de los Cisnes, Giselle, Cascanueces, La Bella durmiente, Cenicienta..., es decir los títulos que pide el público medio aficionado al género. Cuando se han presentado otras propuestas balletísticas de desconocidos títulos para el gran público, la taquilla no ha sido generosa. Ello explica que, siempre, se recurra a los mismos ballets.

En esta ocasión el Ballet de St. Petersburgo se presenta con un sólo título: El lago de los cisnes. Los "Lagos" es lo que más nos inundan, últimamente. En junio de este año, la compañía Usmanov Classical Russian Ballet, dirigida por Hassan Usmanov, se presentaba con El Lago de los cisnes y La Bella Durmiente, en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid. En la próxima temporada los Teatros del Canal ofrecerán El lago de los Cisnes por el English National Ballet que dirige Tamara Rojo (CLIKEAR).

El
Ballet de St. Petersburgo puede considerarse Ballet de Andrey Batalov, porque además de dirigirlo, fue él quien lo fundó (CLIKEAR). Andrey Batalov es una estrella del Teatro Marinskii, y esta condición la aporta a la hora de promocionar su Compañía, bailando el papel protagonista algunos días, así como ofrecérselo también a Leonid Sarafanov, otras de las estrellas balletísticas (CLIKEAR). El día del estreno - 2 de julio - bailó Andrey Batalov.

Ante esta avalancha continua de "Lagos", que siempre es bienvenida, el interés no proviene de la trama ni por la encomiable partitura de Tchaikowsky, pues el espectador está más que familiarizado. Con respecto a la narración de la historia puede mantenerse el suspense en lo que concierne a su final. Cada Compañía elige uno. El más frecuente es que los amantes tengan que precipitarse en el Lago para poder ver realizado su amor, y con este sacrificio deshacer el maleficio. Hay quienes, como es el caso de la versión del Ballet Cubano de Alicia Alonso, que prefieren la redención por amor sin necesitar la muerte de los amantes. Basta con que fallezca el maléfico brujo. En esta ocasión vamos a dejarlo en el aire, para que, al menos, el espectador mantenga cierto suspense sobre el final de una historia que ya conoce.

Otra de las variaciones se suele dar en el Primero y Tercer Acto, la aldea y el interior del palacio respectivamente. Aunque la historia se mantiene en lo fundamental, sí varía la extensión o la concepción de ciertos personajes. En esta versión se ha reducido el Primer Acto, y se le ha dado especial protagonismo al personaje del Bufón bailado por Constantin Tcaci. Tuvo una brillante danza, destacada por la elasticidad del cuerpo y la potencia del salto, así como por una simpática interpretación. Es tal su espectacular actuación que termina por alcanzar un notable protagonismo en lo que respecta al elenco masculino, incluidos los solistas. También es verdad que El Lago de los Cisnes es un ballet escrito para el elenco femenino, y sobre todo para la protagonista femenina Odette/Odile.

Otra de las licencias que se pueden permitir las diversas versiones  es el desdoblamiento de Odette (el cisne blanco) y Odile (el cisne negro). En unas versiones lo interpretan dos bailarinas distintas, y en otras ambos personajes se encomienda a la misma bailarina. Una elección u otra no alteran el valor narrativo. El príncipe Sigfrid (Andrey Batalov), cree reconocer en  el Cisne negro a Odette. Odile es un clon de Odette. La decisión de una bailarina o dos puede ser fruto de la producción - amplio elenco -,  o bien el desafío para la bailarina de interpretar dos papeles totalmente opuestos. En esta versión hay una única intérprete para ambos personajes: María Poludova, que es una bailarina de gran elasticidad y precisión en lo que respecta al aspecto técnico, al mismo tiempo que marca bien la diferencia de ambas psicologías: la etérea candidez para Odette y la maldad para Odile. Su interpretación es llamativa, hasta el  punto de no reconocer a la misma bailarina, no solamente por el baile, en el que ya se marca la diferencia, sino por la encarnación del personaje. Tanto en los actos de los conjuntos blancos (segundo y cuarto acto), como en el del palacio nos ofrece una buena interpretación. En sus giros,  pirouette y desplazamientos en línea, de notable precisión y elegancia, arrancó fervientes aplausos. Sus "Pas de deux" con Andrey Batalov, resultaron muy limpios y de notable calidad.

La coreografía que ha concebido Andrey Batalov a partir del original de Marius Petipa y Lev Ivanov, como ya he dicho, más que innovaciones, han sido ajustes a la duración del espectáculo, y a darle más protagonismo a un personaje que a otro, manteniendo casi intactos los conjuntos blancos. Desaparece  el amigo del príncipe, cediendo su papel al Bufón. Las danzas queda reducidas a cuatro: la española, la napolitana, la húngara y la polaca, todas ellas concebidas más con la esencia y espíritu de sus estilos que una reproducción folklórica. En el primer acto, las danzas de los aldeanos se interpretan con una buena conjunción y ritmo. Tanto las danzas mencionadas como las de los conjuntos blancos, muestran un cuerpo de baile -  no muy numeroso, debido al espacio reducido del escenario - bien preparado y conjuntado. A celebrar la interpretación de los cisnes pequeños.

Los otros papeles protagónicos son el del Príncipe (Andrey Batalov) y el del brujo Rothbart (Vladimir Tsal). Como ya he recordado, El Lago de los cisnes es un ballet, preferentemente, para la estrella femenina. El papel del Príncipe está trazado con buena dosis de pantomima, sobre todo en el primer acto, y que en la versión que nos ocupa parece realzarse en detrimento de la danza, o bien de "porteur", salvo algunas "pirouette" y "grand jeté", que Batalov ejecutó a la perfección, desencadenando los aplausos. Con respecto a otras versiones da la sensación de que su faceta balletística se ha reducido aún más. A destacar los "Pas de deux", en los que la elevación del cuerpo de la bailarina es ágil, seguro y bien compuesto. Por su parte, Vladimir Tsal, en el papel del Brujo de menor protagonismo bailable, a nivel espectacular, obtuvo una notable interpretación en su duelo con el Príncipe Sigfrid.

El escenario del Compac Gran Vía resulta reducido para un ballet de estas proporciones. Ello, imagino, constriñe la amplitud y confianza de los desplazamientos en los bailarines. Algo de esto se nota, pero la adaptación al espacio ha sido acertada. Lo mismo sucede con los atractivos decorados, de factura figurativa tradicional, cuya altura, al acomodarse al espacio concreto, tiene que doblarse un poco. Con todo, recordando otras representaciones, en el mismo Teatro,  se han llevado las patas del decorado hasta los extremos, dando la sensación de menos agobio.  Es una virtud adaptarse a los nuevos espacios sin que desmerezca el espectáculo. Aquí se consigue. La presentación plástica tanto a nivel escenográfico como de vestuario es atrayente y más que digna.

No sé si por dificultades de profundidad del escenario o por criterio narrativo, el consabido transparente del tercer acto en el que se evoca la figura de Odette, para avisar al Príncipe del engaño al que es sometido por parte de Odette, se ha sustituido por la entrada y salida de Odile, de modo más realista, que trata de ocultar y espantar el Brujo. No acaba de funcionar del todo, y resta dramatismo y espectacularidad.  Me pregunto si el espectador que no conozca la historia, integra bien tal entrada y salida. Queda un tanto deslucida, y pierde cierto halo mistérico.

En esta versión se siguen manteniendo las escenas de pantomima del original, como es la entrada de la Reina y algunas otras. No hay nada que  decir al respecto, porque, por definición, la estructura del ballet clásico entremezcla pantomima y danza. En alguna versión la pantomima ha sido sustituida por la danza y también funciona.

Cuando se ven conjuntos como éste, el deseo que surge es poderlos ver en escenarios más amplios. Tal deseo hace que volvamos la mirada al Teatro Madrid, un escenario generoso y que está totalmente desaprovechado, tras su clausura.

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CONSTANTIN TCACI / EL LAGO DE LOS CISNES
FOTO:www.madridteatro.net

Título:El lago de los cisnes
Música:Piotr Tchaikowsky
Coreografía: Andrey Batalov, a partir de Marius Petipa, Lev Ivanov
Diseño de decorado:Evgenoy Gurenko
Producción:Ballet Clásico de San Petersdburgo
Intérpretes:Solistas:María Poludova, Oksana Bondareva, Radamaria Duminika (Odette-Odile); Andrey Batalov (2,10,15), Leonid Sarafanov (6 y 8 de julio), Vladimir Statskii (el resto de los días)  (Príncipe Sigfrido);   Vladimir Tsal, Vladimir Statnyi (Brujo Rothbart); Mariana Rusu (Reina); Cristina Tipirig, Tatina Korneva, Irina Lapteva (Paso a tres), Constantin  Tcaci (Bufón)
Cisnes pequeños:Kseniia Stukalenko, Tatiana Korneva, Olga Marcov, Aleksandra Ivanova
Cisnes grandes:Irina Lapteva, Anna Gaidash, Crisitna Tipirig
Novias:Crisitna Tipirig Evgenya Kopilova,  Kristina Martianova, Anastasia Sadakova
Danzas:Kseniia Stukalenko,  Vladimir Borysov (Napolitana); Irina Lapteva, Carolina Siscanu, Tudor Tudose, Viorel Miron (Española); Anna Gaydash, Arcadie Nazarenco, Aleksey Mikheev (Húngara); Anna Vdovichencko, Anastasia Lievlieva, Inna Rozhentsova, Artem Krupytiskyy, Dinu Bulmaga, Dmitry Savakov (Polaca)
Estreno en Madrid:Teatro Compac Gran Vía, 2 - VII - 2014 

 


José Ramón Díaz Sande
Copyright©diazsande

 

 
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Última actualización el Jueves, 10 de Julio de 2014 16:17