De lo humano... y divino. J. Hidalgo. TZ Crítca Imprimir
Escrito por José R. Díaz Sande   
Lunes, 19 de Mayo de 2014 15:02

 DE LO HUMANO... Y DIVINO
LO QUE PUEDE DAR DE SÍ UN RETABLO

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   FOTO: GREGORIO RECHE

Fin de temporada en el Teatro de la Zarzuela. Como la temporada pasada, recuperamos música lírica antigua. Viento es la dicha de amor de José de Nebra (CLIKEAR), fue el título elegido. Ahora se recupera la música de Juan Hidalgo (1614-1685), compositor español del s. XVII (CLIKEAR), que musicó las zarzuelas de Calderón de la Barca, amén de otras composiciones. Entreverados con él, también lsa composiciones musicales de otros compositores coetáneos:Gaspara Sanz (1640-1710), Santiago de Murcia (1673-1739). Antonio Martín i Coll (1671-1734), Francisco Guerau (1649–1717/1722), Domenico Mazzocchi (1592 -1665), y  autores anónimos.

Así como Viento es la dicha de amor era una zarzuela, que del original sólo se conservó la parte musical, pues el texto hablado fue totalmente reescrito, en esta ocasión no se ha recurrido a una zarzuela completa de Juan Hidalgo, sino que se ha optado por lo que podría ser, en principio, un collage de los diversos poemas musicales. Representa  una de sus zarzuelas no se ha visto oportuno , debido a su larga duración y por su peculiar estructura, la de Fiesta de la Corte, en la que durante tres horas se desarrollaban diversos espectáculos.  Escogidos los diversos poemas musicales, Carlos Mena, contratenor y creador de la dramaturgia, ha construido un espectáculo que ha titulado De lo humano... y divino. No es un concierto, no es un antología, sino que retomando los principios de la ópera barroca primigenia ha buceado en lo que llama de "las pasiones humanas". De ahí el subtítulo Anatomía de las Pasiones. Quiere decir que no juega con personajes, sino con las pasiones, algo similar a lo que han recurrido los Autos Sacramentales.

Tales pasiones circulan por el amor divino y humano, el odio, los celos, el sexo, la incertidumbre hacia el más allá con el consabido miedo, entre los que se cuenta el terror al infierno...Pasiones del ser humano, pasiones por lo tanto, también de los que llamamos Santos. Tal concepción ha llevado a considerar un gran retablo religioso, como sede de dichas pasiones. Se inicia con un retablo, que podría sre cualquiera de los que están en nuestras iglesias, en los se mezclan las virtudes y los vicios.

Una bella proyección en oro con las consabidas hornacinas, deja paso, gracias al tranparente, a una estructura metálica con remates góticos en las hornacinas que forman un nuevo retablo. En dichas hornacinas se acomodad los músicos, y diversas figuras, entre ellas las de los tres cantantes, que evolucionarán desde lo divino a lo humano, dando voy vida a las pasiones. Descenderán de sus pedestales,  y, a través del canto y el movimiento escénico evocarán multitud de imágenes, por momentos transgresoras, con cierto toque de surrealismo. De este modo, se consigue con eficacia evocar un mundo humano, similar a de los frescos de los pintores que retratan las esencias negativas y positivas de la Gran Comedia Humana, de la que tanto se ha ocupado la pintura, la literatura, el cine y el teatro. Pienso en el Decamerón de Pasolini, en las pinturas del Bosco o en las prédicas eclesiásticas de campanillas. Quiere esto decir que el espectáculo no se puede analizar de un modo lineal argumental con un criterio realista, sino con una concepción más global, acerca del oscuro mundo humano.  

Los textos originales reflejan todos esos sentimientos, los cuales encuentran su acertado y expresivo reflejo en las imágenes escénicas. Por eso importan conocer el contenido de los textos, lo cual se consigue a través de la clara dicción de los tres cantantes - el estilo vocal musical lo permite más que el mundo operístico tradicional -, los sobretítulos.  Tal contenido se refuerza visualmente por suma o por resta entre el texto literario y la imagen teatral. Cada texto es un poema que posee una unidad de contenido,  con una gran carga poética, y una delicadeza musical que cobra mayor impacto al estar interpretada por instrumentos de la época. El conjunto musical de la Capilla Santa María, nos brinda una ejecución digna de alabar, sobre todo para los que no estamos familiarizados con este sonido, un tanto alejado de nuestras orquestas convencionales. Coreografías evocadoras del ambiente o la emoción, están presentas con discreción en el tiempo y en su concepción. Funcionan bien.

Si la parte orquestal llama la atención favorablemente, no lo es menos la interpretación vocal de Carlos Mena (contratenor), Alicia Amo (soprano) y José Antonio López (barítono). Magnífica. Sus tesituras vocales se han acomodado al estilo musical de los compositores, pero manteniendo un puente entre la vocalización lírica a la que están habituados nuestros oídos y la que de la época barroca, que indudablemente no se trata de reproducir de un modo histórico, ya que voces de entonces como las de los "castratti" no existen en nuestro tiempo. El resultado es una vocalización limpia, inteligible, con una pátina de naturalidad, alejada del esfuerzo virtuoso, que elimina cualquier forzamiento y artificiosidad.

Carlos Mena es un contratenor de voz diáfana, cuya cuerda proporciona un toque con una gran dosis de evocación de la época. José Antonio López, cuyas facultades vocales no tienen pero, aquí sorprende por su capacidad de emitir los sonidos con naturalidad, por lo cual las notas fluyen sin estridencias ni exhibicionismos vacíos. Alicia Amo sorprende agradablemente. Es una soprano lírica que parece no pactar con el esfuerzo en el momento de la emisión de la voz, la cual fluye con naturalidad y claridad. A ello añade una capacidad interpretativa notable y sorpresiva.  No es que Carlos y José Antonio no la posean, pero en el caso de Alicia sube de grado al recorrer diversas figuras muy distintas y llegar a encarnar a una Eva en cánones de revista o cabaret. Parece imposible que su rostro y discreto comportamiento, en la vida cotidiana, puedan exudar esa dosis de erotismo y al mismo tiempo pudor, así como el atrevimiento de saltar al patio de butacas timándose con el respetable. Muy buen trabajo.

Dicho todo esto, no se oculta el que el oído, al no estar acostumbrado al estilo barroco, algunos pasajes le resulten más duros o más distantes del quehacer musical cotidiano. Y aquí comienza la anécdota del Éxodo, émulo del Éxodo bíblico.

Las primeras deserciones, discretas en su huída, parece que hay que interpretarlas por su desapego a los sonidos, ajenos a esos espectadores huidizos. Posiblemente también se perdían con el contenido del espectáculo. Un tiempo de reposo y  la dinamita se prendió cuando el retablo prefirió la senda de lo profano. Los tres cantantes  - ella y ellos - se encaminaron por el surrealismo y atravesaron la escena con peineta y mantilla negra, velas y collares en las manos, cual vendedores de baratijas. La dinamita explotó con un indignado "¡Qué bonito!", y siguió un reguero de espectadores en desbandada, tanto de las butaca pares como de las impares. A partir de entonces comenzó un continuo goteo humano. Eso sí, un goteo sin sonido y aprovechando el final de cada uno de los poemas.

Visto el panorama, mi temor,  teñido de curiosidad, era lo que sucedería cuando Eva comenzara a repartir manzana en el Patio de butacas a los espectadores. No llegó el agua al río y los espectadores, interactuando, colaboran con eficacia. Tampoco fue abucheada la desnudez a la que sometió a un plátano. El peligro había pasado. no fue así. Casi al final, una mesa rectangular, era inevitable que evocase la Última Cena, o al menos así lo interpretaron algunos espectadores. No se tardó ni un minuto en explotar un grito desde las alturas: "!El escenógrafo es una mierda! La múica muy bonita" Confundía escenógrafo con Director de Escena, Joan Antón Rechi, que dicho sea de paso y más que de paso, ha conseguido una dirección muy buena e imaginativa.

En el rito de los aplausos finales y con la sala en penumbra el Éxodo superó al de los israelitas en Egipto. En el patio de butacas unos huían sin ronronear, otros se mantenían en sus puesto con voces de desagrado, y unos últimos aplaudían con fuerza, reforzando su entusiasmo con algunos "¡Bravos!"El patio de butacas se había coinvertido en un incruento campo de batalla. Los intérpretes, cantantes y músicos, doblaban el espinazo como es norma de educación al saludar. El aplauso fue más unánime para con los cantantes y músicos.

Después vinieron los juicios en el mismo patio de butacas: "Es un buen espectáculo, pero no para el público del Teatro de la Zarzuela". "Si se sigue así no salimos nunca de Luisa Fernanda los títulos de siempre, y hay que olvidarse de otro público". "Pues Curro Vargas (CLIKEAR) le gustó a la gente". "Pero también atacaron la escena de la procesión y más de uno comentaban que ¿qué tenía que hacer un director de escena extranjero en la Zarzuela?"

De todo este batiburrillo de comentarios, prorrogados en la "hall" del teatro  y en la calle, se desprende que el conflicto es algo habitual al enfrentarse tradición e innovación. Por otro lado, no se puede bendecir lo tradicional como lo mejor, y negar la bendición a las nuevas formas. Mantener la tradición sin un horizonte mayor, lleva a la endogamia la cual engendra la esterilidad artística.

Cuestión aparte es cuándo es el tiempo oportuno (el "kairós" griego), para abordar la innovación. El Teatro de la Zarzuela, con acierto, lo deja para fin de temporada. No obstante el espectador incomodado por lo que se le ofrece tiene su parte de razón, porque, en el fondo, va obligado. En esta ocasión,  los cinco días programados para esta representación, es decir todos, son funciones de abono. Y la funciones de abono, una vez pagadas, ya se sabe: "Voy". Voy obligado a algo que no me gusta. Ese tipo de espectador lo experimenta como una trampa. Es cierto que se le podría pedir buena voluntad y riesgo para acercarse a lo novedoso, pero la respuesta depende de él y sus expectativas. Por otro lado, desde el punto  de vista crematístico, espectáculos inciertos consiguen asegurar el aspecto económico de la velada.

De lo humano... y divino es un espectáculo novedoso y con muchos aciertos: unas partituras y voces con un gran poder de evocación más allá de una simple reconstrucción histórica, y una bella puesta en escena imaginativa que recrea la vida del ser humano. Ello no quita que haya momentos menos digeribles, y que ciertos signos ambiguos puedan lleva a interpretaciones equívocas que provocan la indignación.

Esto sucedía el Jueves 15 de mayo, San Isidro. El día anterior, 14 de mayo, fue el estreno, y cosechó éxito sin claudicaciones entre el público.

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   FPTP: GREGORIO RECHE

Título:De lo humano... y divino (Anatomía de las Pasiones)
Música:Juan Hidalgo, Gaspara Sanz, Santiago de Murcia. Antonio Martín i Coll, Francisco Guerau, Domenico Mazzocchi, y  autores anónimos.
Idea original.Carlos Mena
Escenografía:Alfons Flores
Vestuario:Mercé Paloma 
Iluminación:Santiago Mañasco
Ayudante de escenografía:Isabel Velasco
Ayudante de vestuario:Nuria Cardoner
Asesora filológica y preparación de textos:Lola Pons Rodríguez
Realización de escenografía:Stage Music S.L.(alquiler de estructura), Tusa ideas Theatrand S. L. y utilería atrezzi, S.L.
Realización de vestuario:Vesti L'Epoca, S.L. y Dress Art
Utilería:Hermanos Mateos y Vázquez muebles y atrezzo S.L.
Producción:Teatro de la Zarzuela
Intérpretes: Alicia Amo (soprano), Carlos Mena (contratenor), José Antonio López (barítono)
Músicos:Capilla Santa María
Dirección musical:Carlos Mena
Dirección de escena:Joan Antón Rechi
Duración:1 hora y 30 minutos (sin descanso)
Estreno en Madrid:Teatro de la Zarzuela, 14 - V - 2014

 
 

José Ramón Díaz Sande
Copyright©diazsande

 


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Última actualización el Miércoles, 11 de Junio de 2014 10:36