Del 4 al 9 de mayo de 2014 La corte de Faraón se estrenaba en Madrid en una versión de Emlio Sagi y Enrique Viana. Se trataba de una producción del Teatro Arriaga de Bilbao. En aquella ocasión www.madridteatro.net la reseñaba y comenzaba con esta información: (CLICK)
UNO SALE CON ALEGRÍA, CON GANAS DE VIVIR,
Isamay Benavente, directora artística del Teatro de la Zarzuela, engarza La corte de faraón en su ideario musical de 2024/25: transitar por todos los géneros. Este título lo describe como una opereta bíblica, este género mestizo que ni es zarzuela grande, ni es género chico, que tiene la genialidad española de que es sensual, con mucha ironía, pero que nunca cae en lo grosero, y está en ese equilibrio perfecto que, creo, nos va a hacer reír, algo que nos hace mucha falta como el que la cultura aporte un poco de luz y alegría en estos tiempos tan extraños que estamos viviendo. Cuando uno termine de ver La corte de faraón tiene que ser muy de piedra, para que te deje indiferente. Uno sale con alegría, con ganas de vivir, con risas y con un poquito de frivolidad que también es necesaria para afrontar la vida. La producción que se presenta no es del Teatro de la Zarzuela, sino la creada por Emilio Sagi en el Teatro Arriaga de Bilbao en coproducción con el Teatro Campoamor de Oviedo, en el Festival de Lírica, y los Teatros del Canal (CLICK). La producción es luminosa – añade Isamay- y permite revisitarla adaptándola a los tiempos, incluyendo «gags», sucesos que ahora nos preocupan. Inicialmente se hizo bajo la dirección escénica de Emilio Sagi y la dirección musical de Carlos Aragón. Los he querido unir de nuevo, porque estuvieron brillantes. EMILIO SAGI, director de escena Emilio Sagi define La corte de faraón como un «icono de la zarzuela». En el estreno de 1910 se hicieron 1000 representaciones. Varios teatros representaban simultáneamente esta obra.
Quedó en el acerbo de la zarzuela y todo el mundo conoce, desde los más jóvenes hasta los más mayores, las coplas babilónicas de Sul «Ay Ba Ay ba… Ay babilonio que mareo» La primera vez que la hicimos en Bilbao quería que fuera una obra de entretenimiento, de ocio, que la gente se divirtiera muchísimo. No quería buscar ninguna clave conceptual, ni nada de eso. Hay una frase de Borges que me gusta mucho: «En mis cuentos yo quiero emocionar y entretener». No me considero Borges, pero sí que me gustaría que todas mis obras emocionasen y entretuviesen. Eso es lo que pasa en La Corte de Faraón. REVISIÓN DE LA VERSIÓN: La versión de esta producción se debe a Emilio Sagi y a Enrique Viana. Hemos añadido algunos textos; algunos soliloquios del Faraón; un soliloquio de Sul, la Babilónica, que es Enrique; y algunos cambios sobre el texto, que creo había que hacer. Hay cosas que hoy en día llaman muchísimo la atención, y no digo por ser políticamente correcto porque me encanta ser políticamente incorrecto, sino porque me ofendían a mí mismo. Entonces decidimos cambiar algunas cosas que no tienen mucha importancia y la obra queda estupendamente bien. También quería seguir teniendo ese espíritu de la época, cuando se estrenó, en la que se decía «es una obra verde». Las obras «verde» eran las que tenían una ambigüedad erótico-festiva y eso lo quería mantener, aunque hoy en día hay que trabajarlo de otra manera. Buscar otras claves. Se buscaron esas claves y resultaron estupendas. Cuando yo estaba en el Arriaga pensé «¿Quién sería Sul ,la babilónica?» Queríamos hacer la versión como está en la partitura. Normalmente, Lota es la que canta las coplas babilónicas, y no es así. En la partitura de Lleó, las coplas, las canta Sul, una señora que viene de Babilonia. Babilonia en la Biblia era el eje del mal, el eje de los placeres, del lujo, de la ambigüedad… Entonces pensé «Eso tiene que ser un hombre, el que cante lo de Sul». Convencimos a Enrique Viana y lo hace magistral. Con su soliloquio la gente se divierte muchísimo. La obra posee un alto nivel erótico festivo y también unos cuantos guiños. Son unos guiños grande sobre la Gran Ópera: Aida, Hugonotes, Meyerber, la GranÓpera francesa con los ballets interminables que la gente salía a cenar y volvía y el ballet seguía bailando. Todo eso lo tiene esta obra y lo hemos aprovechado. Esa pompa y protocolo de la Gran Ópera también está, pero ironizado. ELIMINACIÓN DE PERSONAJES AÑADIDOS
Desde que se retomó La Corte de Faraón, que asomó discreta en eso de la sensualidad y de del vestuario, las sucesivas representaciones se presentaron más procaces e incluso con añadidos de personajes, no siempre acertados. Según Emilio en esta versión no aparecen tales personajes. Hay muchos personajes que se añadieron por cosas cómicas y para que tuviera un poco más de picardía, aunque la picardía ya la tiene en original. Hubo un momento en que yo no sé si Alfonso Paso o un sobrino suyo, hicieron una versión con personajes como el copero y otros. Algo muy vulgar y de sal gorda que no me interesa. Todos esos personajes en la zarzuela me permito obviarlos. En la de El manojo de Rosas corté una escena entera del personaje de la portera, la Fisga. Un personaje vulgar que no pegaba nada en el trasunto. Entonces me permití quitarla. Creo que en la zarzuela siempre hay que tener mucho cuidado cómo se hace, pero hay que mirar también muy bien los libretos, y hay muchas cosas absolutamente obsoletas que ya no van. En toda la vida y en todos los géneros, los grandes compositores operísticos, cortan, pegan, ponen de aquí para allá, ellos mismos. Aquí hay que hacerlo. No digo quitar el argumento, pero sí adaptarlo, buscarle cosas. Hay cosas que hoy en día ya no van y se cortan. el público tampoco va a sufrir por ello. El acerbo principal de la zarzuela es esa música maravillosa, y luego, obviamente, los libretos, los cuales son estupendos, pero como en la ópera hay que retocar. Yo no paro de hacer «bel canto», y muchas veces en el género operístico tengo que inventar un poco, porque hay argumentos con una debilidad tremenda. Hay que inventar cómo hoy en día dramáticamente esos argumentos tienen una presencia. Los personajes que se ha incorporado no me interesan, porque la comicidad, la ambigüedad están ya. Un día estaba Yo diciendo a la Compañía «No hay que exagerar las gracias porque ya están». Nuria decía es cómo echar azúcar a la miel. Muchas veces se hace un personaje que se llama Aricón, pues no me hace ninguna gracia y yo no tengo ningún miedo a la crítica social y a mi persona ya lo que soy, pero me parece una cosa vulgar. Creo que la ambigüedad está presente en esta función desde el momento en que se estrenó, y hoy en día sigue muy presente, y yo la enfatizo, pero dentro de una elegancia, de una tranquilidad. Las cosas no hay que hacerla tan exageradas. Están ahí y la gente lo ve. Si lo ves de una manera serena, lo comprendes mucho mejor, que si lo ves de una manera agria y mordente. Por eso no me interesan todos esos personajes. Como no me interesan las interpretaciones de voz cascada para esos personajes. En la Compañía de mi tío Luis Sagi Vela, esos personajes los hacía hombres mayores que cantaban de esa manera. Hoy en día no se puede hacer. Hoy en día Don Hilarión tiene que cantar. Igual el casto José. Insisto en todos los ensayos de que se cante y que no se haga cómico el canto. La comicidad está ya en la obra. Eso tiene mucha más gracia y mucha más categoría, no para mí sino para el público. INUNDACIÓN DE ORO Daniel Bianco diseña una dorada escenografía Todo en oro y llueve oro. Es como una exageración de ese gran protocolo de la Gran Ópera francesa, que en España, desgraciadamente, los compositores se reían un poco de ello, porque eran muy maltratados. El Teatro Real, en aquellos momentos, sólo hacía óperas italianas con empresarios italianos y los pobres compositores españoles se veían que no podían entrar en ese mundo especial y lo criticaban, igual que los vieneses, que tenían a los turcos a 16 kilómetros en el Reinado de María Teresa, hacían que en los edificios con columnas, las sujetaba esclavos con turbantes para reírse un poco del miedo que tenían, de aquellos turcos que estaban cerca. El vestuario de Gabriela Salaverri se inunda, también, de esa línea dorada. La coreografía es de Nuria Castejón, la cual ha creado una coreografía maravillosa para unos bailarines estupendos. Hay un equívoco grande: cuando el Coro dice «Danzad hijas del Nilo», las hijas del Nilo son seis señores los que bailan. Ahí buscamos otras cosas que dan ese aire de ambigüedad, y lo que antes era «verde» hoy tiene que ser un poco picante, y eso es lo que buscamos. Todo el reparto es estupendo, un regalo, para mí, de este Teatro que tanto quiero. Emilio Sagi tiene palabras laudatorias y agradecidas para con el Coro, los técnicos del teatro, la orquesta, y el maestro – Carlos Aragón – que es estupendo y que además entiende muy bien este género. Creo que sabe que este género tiene unas características muy particulares. CARLOS ARAGÓN, director musical
Carlos Aragóndirigió el estreno en el Teatro Arriaga de Bilbao y ahora en Madrid. Emilio Sagi lo califica de «estupendo» y que «además entiende muy bien el género«. Está considerado como uno de los músicos más versátiles del panorama musical español, por su doble faceta como director de orquesta y pianista, y también por la amplitud del repertorio que abarca y conoce en profundidad, desde las primeras obras maestras del barroco hasta el romanticismo o el verismo. Se ha especilizado en el campo de la lírica como repertorista. Son muchos los títulos operísticos que ha dirigido. En el repertorio de zarzuela dirige: La corte de Faraón, El trust de los tenorios, El puñao de rosas,¡24 horas mintiendo! (Teatro de la Zarzuela), Doña Francisquita, El amor brujo, con la cantaora Carmen Linares. Como pianista y director es acompañante habitual de figuras de primer orden. Entre sus recientes trabajos se incluyen Doña Francisquita (Teatro Villamarta de Jerez), Le nozze di Figaro (Teatro Cervantes de Málaga), Così fan tutte (Teatro Calderón de Valladolid) y El gitano por amor (Teatro Cervantes). Carlos Aragón manifiesta estar sumamente feliz por volver al Teatro de la Zarzuela después de 7 años con La Corte de Faraón, a la que considera una obra maravillosa y con mi queridísimo y gran amigo Emilio Sagi al que quiero y admiro en partes iguales y él lo sabe. Después rodeado de un reparto que no se puede ni imaginar, un reparto mejor, una Compañía mejor, el ballet, la orquesta de la Comunidad de Madrid con la cual disfruto muchísimo y este plantel de solistas es particular. Carlos lleva dirigiendo 15 años y La corte de faraón es la que más ha dirigido, con lo cual le tiene especial cariño.
Me parece una obra maestra, en la cual Vicent Lleó, que era un grandísimo maestro que se ganaba la vida transcribiendo operetas europeas – El conde de Luxemburgo, de la que hizo la revisión – para la Compañía que tenía en el Teatro Eslava. se impregna de todo eso, pero con la genialidad que tenemos los españoles de hacer un crisol en el que toca todos los géneros que imperaban en el momento. Aquí tenemos el cuplé, el garrotín como la música más castiza, y un perfume de opereta europea como el vals de juicio y es intento de ridiculizar la Gran Ópera en el primer número que es totalmente fastuoso. Pero ¿qué sucede? Todo sucede muy rápido. Cambia de estilos, de atmósfera, de carácter, de acento en cuestión de minutos. Es una música muy viva, que desde el punto de vista musical no es fácil cambiar tan rápido. En una ópera grande, en la que tienes cuatro actos, pasas por los estados anímicos y tienes una escena que puede durar 15 minutos. Aquí todo pasa en cuestión de minuto y medio y tienes que estar en el sitio. Lo que sí está claro es que la orquesta en este tipo de repertorio es un actor más, forma parte de la escena. Es una música eminentemente teatral, la música que más me fascina. Tiene un perfume muy especial el gran vals. Recuerda un poco lo que es el final de un régimen en 1910, y estaba muy cerquita la Primera Guerra Mundial. Era como el final de la Belle Èpoque. Todo eso se nota. Otra cosa es que esta partitura ha sido muy maltratada durante mucho tiempo Maltratada e interpretada mal cantando los cantantes, muy vilipendiada. Cuando entras dentro de la partitura te das cuenta que Lleó era un gran genio. Un maestro de la orquestación: cómo con 5 elementos muy efectivos hace la introducción de las trompetas que quiere rememorar un poco a Aida. Instrumentalmente son 4 efectos que bien combinados te preguntas «¿Qué es lo que voy a ver?» Empieza de una manera superfastuosa con el primer coro de «¡Victoria…!» Es una auténtica joya. Yo intenté acercarme siempre con mucho respeto y con mucho mimo, intentando sacar ese perfume de la Belle Epoque, esa cosa más española de garra, esa intención decadente del cuplé… Intentar combinarlo todo de manera que la música esté al servicio de la escena, propio de la zarzuela o la revista. Nunca puedes ponerte por delante. Los protagonistas son ellos, y yo soy un mero concertador. Creo, humildemente, que me he acercado un poco a lo que era mi objetivo. Y lo principal es que el púbico se los pase bomba, porque nosotros nos lo pasamos muy bien. Eso al final se transmite. Estoy encantado.
Quienes dan vida a los personajes son: María Rey-Joly, Jorge Rodríguez-Norton, Luis Cansino, Enric Martínez-Castignani, Enrique Viana, María Rodríguez, Annya Pinto, Amparo Navarro, Amelia Font, Leticia Rodríguez, Ramiro Maturana, José Manuel Díaz, Jesús García Gallera y Rafael S. Lobeto.
FUNCIÓN PRECIO Título: La corte de Faraón (Opereta bíblica en un acto y cinco cuadros) Intérpretes:
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La Corte de Faraón. Lleó. Sagi. Aragón. TZ
