Woyzeck. Reseña, 1976 Imprimir
Escrito por José Paulino   
Viernes, 11 de Marzo de 2011 18:10

WOYZECK

GEORG BÜCHNER

DEL DICHO AL HECHO



La primera representación de Woyzeck fue el 23 de febrero de 1959 con versión de Julio Diamante en el Teatro Maravillas de Madrid. En los últimos años del franquismo interesaba  a los grupos independientes. Entre ellos ElBuho. Grupos como éste fueron cambiando el panorama teatral español.

 

RESEÑA, 1976
NUM. 96, pp. 21
 

 

FOTO: DEMETRIO ENRIQUE

La historia de Woyzeck es, en cierto modo, la de un Juan soldado cualquiera. Su amor y su muerte podrían haber pasado al romance de ciego y al almagre. En el escenario, el drama señala todavía alguno de estos rasgos violentos, cortantes, desmesurados de la leyenda popular que narra el destino impuesto a un hombre elemental, empujado a matar a su mujer infiel. Ese destino suyo, sin embargo, radica de modo evidente en personajes concretos del drama, el capitán y el doctor, ante quienes el fusilero Woyzeck permanece anulado, sometido, servidor y oyente. Ellos le conforman de una determinada y triste manera, con la marca de la inhumanidad.

 

La nueva representación de Woyzeck tiene para nosotros un valor más bien sintomático que autónomo. A ella confluyen algunos elementos que determinan la elección y representación de este texto, dejado sin concluir por la muerte de Büchner en 1837 y publicado sólo en 1789. Son aquéllos elementos y no el texto mismo los que se ofrecen como dignos de atención mayor.

 

¿Quién presenta la obra? Un grupo de trabajadores que provienen de distintas formaciones (teatro comercial, Tábano, Ditirambo...) y que se han reunido bajo el nombre colectivo «El Búho». Gente, por lo tanto, que busca y promueve una «alternativa» para el teatro, que dirige su mirada a «poner el teatro al servicio de ese públi­co que tan reiteradamente se ha visto marginado de la cultura». Así lo dicen, aunque no parece fácil hacerla.

 

¿Cómo la presentan? Como una visión colectiva, adaptación del texto siguiendo el método de estudio de E. Buenaventura, autor y hombre de teatro, animador de experiencias dramáticas populares en Cali (Colombia). Su intención es clara: relacionar la parábola del texto con una situación (con la situación) inmediata, presente en la experiencia del espectador. Explicar ante él un acontecimiento, mejor que simplemente representarlo.

 

El elemento decisivo de su versión es la rescisión de ciertas tensiones del texto en beneficio de un solo aspecto. Dicho de otro modo: lo que hace inteligible, clara, segura la representación es su esquematismo Pero, a la vez, ello le quita capacidad de apelación y evocación, interés, posibilidad de sorpresa, envite de humor, fantasía, crueldad y juego. Según ellos mismos: «Woycek terminará cortando el único eslabón que le mantendrá unido a la tierra ... Aquéllos que le hicieron confiar en principios inmutables, volverán éstos contra él para destruir la pieza que no supo ocupar el lugar que habían reservado para ella en el gran tablero».

 

Lo dicho se advierte muy marcadamente en el decorado - neutralidad del escenario - y en la representación, acentuando esta última los rasgos de dureza de la situación.

 

Pero más aún, es en el análisis y desarrollo del conflicto y en la diversidad de planos del personaje central donde la versión se decide por una lectura simplificada, poniendo así en peligro su propia intención, pues acaba produciendo en el espectador no avisado una conciencia de intemporalidad del conflicto, de abstracción del momento presente. Y a Woyzeck se le podría pedir una punta más de ironía, de flexibilidad. Y ello, sin intentar una interpretación psicologista, de «complejidad» interior, de la que parece carecer. Pero habría que dejar marcados los dos planos de su personalidad literaria de siervo que pasa por la experiencia del sometimiento ciego, en el cual adquiere vista pero no libertad, que es crítico y autocrítico (por ello mata y también muere). En esta personalidad se insertaría mejor su original sensibilidad para la naturaleza (interpretada por el doctor como aberrante) que aquí queda extraña, casi realmente demente.

 

Por encima de aciertos o errores sólo parciales (pues la representación es aceptada por el público), el punto clave quizás, la determinación más importante, es, de nue­vo, la alternativa en la que esta representación se introduce, vista ahora desde una perspectiva más interior al grupo mismo.

 

Se ha dicho, y parece justificable, que un factor decisivo de teatro moderno ha sido el auge del «director de escena» - su creciente dictadura - apoyado por un público heterogéneo y exigido por unos medios escenográficos complejos. La «puesta en escena», en tanto que técnica, ha originado todo un estilo y, más aún, toda una estética del teatro, la que hemos conocido y se mantiene - en ocasiones muy degradadas ­ en nuestros espectáculos.

 

A partir de estos últimos años, gracias a los grupos independientes y otros afines, como el «Búho», con la extensión y ampliación de los festivales, semanas de teatro, etcétera, se podrían empezar a hablar de la época de la <<interpretación», en tanto que acto de creación - el texto es un complejo de sugerencias no determinadas -, común - el grupo como tales el sujeto de decisión e interpretación - y responsable, basado en un método, lo que supone la elección de un público destinatario, de una estética en el montaje y actuación, y de una ideología. Y donde, en mi opinión, se juega una importante carta este teatro es, precisamente, en el método (dejando aparte la lucha por la competitividad o la marginalidad del teatro-producto comercial). Porque si el método con que se aborda el complejo creador de una puesta en escena no es jamás neutro ideológicamente, como bien sabemos y ellos saben, tampoco es indiferente estéticamente. Por su medio se realiza la comprensión y verdadera vida de la obra, texto, idea, esquema, personajes, o sólo un simulacro de ella.

 

Woyzeck, del colectivo «El Búho», es un caso más, interesante pero, si nuestra crítica es correcta, parcialmente fallido por la simplificación del texto impuesta a priori. Un caso más, representativo de muchos, de toda esta situación donde nada está decidido. La gran posibilidad de nuestro teatro, hoy, parece estar en la baraja del teatro independiente, en la medida que, con su trabajo, consigan de modo permanente evitar la trivialidad de la improvisación, por un lado, y, por otro, el mimetismo y el formalismo. Los mejores espectáculos de estos últimos años lo han logrado. Sin ellos no existe ya historia contemporánea del teatro español Y sin los intentos logrados y erróneos de casi todos, tampoco existiría hoy la sugerente posibilidad de un nuevo teatro y de un interés que puede despertar con él. El valor sintomático de Woyzeck culmina aquí.


Título original: Woyzeck.

Autor: Georg Büchner.

Versión e interpretación: Colectivo «El Búho.

Estreno en Madrid: Sala Cadarso, 22 de abril de 1976.

  FOTO: DEMETRIO ENRIQUE

 

 


JOSÉ PAULINO
Copyright©josepaulino

 

SALA CADARSO
C/ Cadarso, 18
28008 - Madrid 
 

 

Última actualización el Viernes, 11 de Marzo de 2011 20:01