
Música: AGUSTÍN FORTUNY
Dirección: LUCIANA ACUÑA
Performers: TATIANA SAPHIR / CARLA DI GRAZIA / LUCIANA ACUÑA/ JULIÁN CABRERA / AGUSTÍN FORTUNY
en los
TATROS del CANAL (SALA VERDE)
de MADRID
Aviso: sonido fuerte
El público estará de pie durante la representación
(Hay sillas para las personas con movilidad reducida)
Del 18 al 21 de marzo de 2026
– “Bailarinas incendiadas” es una coproducción del Festival Internacional de Buenos Aires y Arthaus Central. Cuenta con el apoyo del Instituto Prodanza, el sello de Mecenazgo Cultural, Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y la Fundación Santander.
– “Bailarinas incendiadas”, basada en una investigación de Ignacio González, sitúa al público en un espacio tipo club, de pie, con un DJ que mezcla música y samples en directo.
– Las cinco bailarinas Tatiana Saphir, Carla Di Grazia, Luciana Acuña, Julián Cabrera, Agustín Fortuny, envueltas en llamas y posesas, crean un ballet de monstruos que no dejan de bailar hasta que ellas y el público sufran alguna transformación

Cinco intérpretes bailan sin descanso mientras relatan tragedias reales del siglo XIX, protagonizadas por bailarinas cuyos tutús se incendiaron bajo la luz de las lámparas de gas. Invocaremos a esas bailarinas envueltas en llamas y nos sumergiremos en el fuego como en una piscina. Seremos las brujas de la Inquisición, pero no moriremos, mostraremos nuestras cicatrices. Crearemos un ballet de monstruos, bailaremos poseídas toda la noche como demonios hasta que nuestros cuerpos, y los de todos los presentes, sufran alguna transformación.
LAS BAILARINAS ROMÁNTICAS
AMENAZADAS POR EL FUEGO
“Bailarinas incendiadas” surge después de un proceso investigativo de dos años de Ignacio González. La bailarina y coreógrafa Luciana Acuña, generadora de la idea, comenzó a investigar sobre los cuerpos de la danza y sobre una pregunta: ¿Qué fue mutando desde ese momento del romanticismo en el que la figura de la bailarina lo era todo?
La bailarina lo era todo. Era el auge de la bailarina, así como también sus nombres – Anna Pavlova, Margot Fonteyn, Maya Plisètskaya, Alicia Alonso, Tamara Rojo, Yasmin Nagdhi, Sylvie Guillem…-, ocupaban un lugar central en la escena. La pregunta siguiente es que pasó después en lo referente a la técnica y el cuerpo de la bailarina, más que a la propia danza. Era una pregunta bastante amplia, y por otro lado nada original. Necesitaba algo más que la simple pregunta, y ahí es donde aparece la posibilidad de la investigación de Ignacio González, un gran investigador y amigo. Leo su trabajo, y entre la idea primera y este trabajo investigativo, las cruzamos.

LA LUZ DE GAS ENAMORADA
DE LAS BAILARINAS
Al principio fue un trabajo de mucha investigación, sin ensayos, motivado por la ingente riqueza balletística del romanticismo.
En el centro de esa investigación nos dimos cuenta de que en el centro estaba la luz de gas. Era un factor primordial porque hubo bailarinas que, literalmente, se quemaron al prender fuego su vestuario. Es el tema de la obra. Son bailarinas decimonónicas, donde la iluminación de los teatros era a “gas”, y los tutús románticos de ellas hasta la rodilla, al pasar cerca del fuego de la lámpara de gas se incendiaban. Desde esa imagen parte la obra, una imagen que es real históricamente, pero con la que podemos construir ficción, lo cual nos lleva a ese momento mágico del ballet romántico, puesto de manifiesto en los llamados actos blancos (los del etéreo tutú con personajes que no pertenecen a este mundo), en contraposición con los otros actos más de pantomima y simulando espacios reales. Según las regulaciones de la llama se podía dar, más o menos, intensidad de luz, y, entonces, por primera vez, en el mundo de la danza ocurría ese incendio de los tutús.
DE LA INVESTIGACIÓN DOCUMENTAL
A LA BÚSQUEDA DE INTÉRPRETES.
Todo fue creciendo investigativamente, hasta un momento en que se decidió empezar a ensayar cosas.
Para mí era muy importante quiénes eran las intérpretes de esta obra. Al principio pensé que todas deberían ser mujeres, y con un cuerpo que hable de ese devenir. Empezamos Milva Leonardi y yo, pues además de ser amigas, habíamos trabajado juntas, y nos entendíamos en el lenguaje. Partíamos de una premisa, “contar las historias de esas bailarinas, a nivel personal”, con nombre y apellidos y cómo fue su principio y su final. A través de eso, contar otras cosas. Otra idea, recurrente en mis obras, era la de la Muerte. Pensar en la Muerte, no como algo solemne, ni como final, sino como apertura a un mundo, el de la ficción. Un mundo de fiesta, cruzándolo con algo de la actualidad
Uno de los problemas era la cantidad de material, lo cual llevó a investigar a cada una de las bailarinas a través de recortes de los diarios de la época.
Descubrimos que el romanticismo es también un periodo oscuro, pero había que distanciarse y zambullirse en la oscuridad. Queríamos que se juntase música, baile y vestido, pero surgía una pregunta “¿Se puede hacer eso?” Empezamos a armar con Milva lenguaje de movimiento, y después con el músico Agustín Fortuny, empezamos a armar cada escena de la obra como un “track de música”, lo que venía a ser un “tema musical”. La música es tecno, punk…que no tiene nada que ver con el romanticismo o sí. Se trataba de un cruce entre el tiempo pasado y presente, y ver cómo se resignifican esos accidentes del pasado en la actualidad. Que no sean solamente un accidente del pasado.

EL INCENDIO, ACCIDENTE TEATRAL
En el trasfondo de esta historia está el incendio como accidente teatral. Son de sobras conocidos los incendios de los teatros, pero poco se sabe de los que morían en tales incendios.
Morían actores también, pero las bailarinas eran más propensas por el etéreo vestuario, y el ballet estaba muy en alza. Entonces poner en primer plano esos nombres de las bailarinas y repensarlos ahora, es dar tributo a tantas bailarinas ignotas y tremendamente buenas, pero que no pasaban a la historia. Traer eso me parecía interesante y noble. En otro sentido era el pensar quiénes mueren hoy. Trasladado a la actualidad, la pregunta que surge “¿Qué es la Muerte de una mujer que muere en su trabajo?” Una pregunta que no se podía esquivar, pero tampoco se podía hacer un tema de eso. Entonces se acumulan una serie de accidentes. Un cuento que nos inspiró y fue clave es “Las cosas que perdimos en el fuego” de Mariana Enríquez,en el que un grupo de mujeres argentinas deciden quemarse, porque en vez esperar a que las quemen, ellas se queman, como una forma extrema de resistencia y empoderamiento frente a los femicidios y la violencia de género, creando un nuevo e inquietante canon de belleza desfigurada.Entonces ese hecho real lo llevamos a lo ficcional. Son mujeres que no muestran esa debilidad, sino que son fuertes. No son víctimas. Lo mismo esas increíbles bailarinas que buscaron su objetivo, lograron un nombre y lucharon por lo que creían que era su profesión y murieron por eso.
«BAILARINAS INCENDIADAS» ¿ES DANZA?
Al no ser una historia de temática un tanto compleja, en cuanto referencia a la danza y a la actualidad, a la hora de encasillarla en un género, Luciana da como premisa que
Todas mis obras las inscribo en el mundo de la danza, porque yo pertenezco a ese mundo. Después, lo que ocurre no lo sé. Para mí siempre parte del mundo de la danza, pero lo que recibe el espectador es desde otro lugar. El mundo de la danza piensa que es teatro, y del teatro piensa que es danza. Entonces se sitúa en ese mundo intermedio que no me incomoda, sino que me resulta más confortable. Al ser coreógrafa siento que todo lo que haga tiene que ver con la danza. De todos modos, siempre he trabajado con bailarines, actores y músicos. Me resulta muy difícil que alguien interpreta música en vivo y no forma parte de la obra. No hay límite a nivel interpretativo. Me resulta muy atractivo como bailan esos cuerpos de los actores que no pertenecen a una técnica de danza y que no están contaminados por ella. Yo que soy bailarina, querría bailar así. Esto mismo hace más complejo el lenguaje escénico. Así la bailarina Carla Di Grazia asombra por lo que puede hacer con su cuerpo; Tatiana Saphir es una performance increíble, y pertenece también al mundo del teatro y es una actriz maravillosa; el músico Agustín Fortuny es muy atractivo de ver, y por qué tiene que estar detrás de un instrumento cuando podemos verlo de cerca, moviéndose

CÓMO SERÍA UN BALLET DE TODAS
ESTAS BAILARINAS QUEMADAS
Lo que quiera significar esencialmente la obra, no le resulta fácil a Luciana expresarlo en palabras o en una especie de mensaje. Tiene claro que es
Una mirada sobre el cuerpo, sobre la fortaleza de esas mujeres y de todas las mujeres que ponen su cuerpo al servicio de algo, incluso al servicio de la belleza, no como algo peyorativo, sino como belleza. Cómo sería un ballet de todas estas bailarinas quemadas. Esto sería el norte de esta obra. Esas bailarinas increíbles, maravillosas, pero convertidas en monstruos, generando otro tipo de belleza, que no está en el imaginario. Son obreras de la combustión. Si bien la obra no lo dice directamente, como lo digo ahora, busca esos lugares más incómodos.
Luciana quiere destacar especialmente la característica de ese proceso creativo, el de ser colectivo. Todas las personas – intérpretes, asesores de tantos textos como hay, técnicos y productores – estaban implicadas en el proceso. Este tipo de obras no se pueden hacer solos.
BIOGRAFÍAS

FOTO: GRUPO KRAPP
LUCIANA ACUÑA, coreógrafa y bailarinaLuciana Acuña (Córdoba, Argentina),una de las bailarinas, coreógrafas y directora escénica de Buenos Aires, dirigió el Grupo Krapp junto al fallecido actor, bailarín, y coreógrafo, Luís Biasotto. Se formó en la Universidad de Córdoba, donde había un taller de danza clásica, danza contemporánea, composición y música. Estudió en Europa con Marc Tompkins y se enroló en diversas compañías. Paralelamente trabajó con el bailarín Luis Biasotto en el Grupo Krapp, creando y haciendo obras con otros y contagiándose de eso que traen otros artistas. La filosofía del Grupo Krapp era considerar la danza como lenguaje del movimiento, por lo tanto, también de interpretación. Posteriormente se incorporaría el cine. Descubrieron un lenguaje nuevo en cuerpos no preparados para la danza, y en eso Luciana siguió trabajando. No están contaminados por la técnica de la danza, pero tienen otro tipo de expresión y pueden hablar desde la danza. Con esto pretendíamos ir a un lugar más violento y más feroz con el cuerpo, con el cuerpo y el espacio, y con los cuerpos entre sí.
FUNCIÓN
Del 18 al 21 de marzo de 2026: 19:30 h
PRECIO
Localidades sin numerar.
El público permanecerá de pie durante la representación.
Los que lo necesiten podrán solicitar sillas al personal de sala.
25 €
Descuentos
Canje abono 10 espectáculos: 16 €
Canje abono 5 espectáculos: 20 €
Carné Joven-menores de 25 años, mayores 65, desempleados, personas en ERTE, familias numerosas y Diversidad funcional con grado igual o superior al 33%*: 20 €.
Carné Bibliotecas Comunidad de Madrid*: 10%
Asociaciones (solo en taquilla)*: 20 €. * Una localidad por carné.
Entrada gratuita para ACOMPAÑANTE: para personas con Movilidad Reducida positiva y Dependientes.
Título: Bailarinas incendiadas (Basado en una investigación de Ignacio González)
País: Argentina Idioma: español
Coordinación escenotécnica: Adrián Grimozzi
Música original: Agustín Fortuny
Asistencia: Carla Grella
Investigación de movimiento: Milva Leonardi, Carla Di Grazia, Tatiana Saphir, Luciana Acuña
Luces: Matías Sendón
Escenografía y vestuario: Mariana Tirantte
Textos: Mariana Chaud, Alejo Moguillansky
Colaboración dramatúrgica y vídeo: Alejo Moguillansky
DJs en vivo: Agustín Fortuny, Carla Di Grazia, Tatiana Saphir
Producción general: Gabriela Gobbi
Distribución: T4 / Maxime Seugé y Jonathan Zak
Performers: Tatiana Saphir, Carla Di Grazia, Luciana Acuña, Julián Cabrera, Agustín Fortuny
Dirección: Luciana Acuña
Aviso: sonido fuerte
El público estará de pie durante la representación (se colocarán sillas para las personas con movilidad reducida que lo requieran)
Duración: 1 h y 10 min (sin intermedio)
Estreno en Madrid: Teatros del Canal (Sala Verde), 18 – III – 2026

Copyrightdiazsande
TEATROS DEL CANAL
(SALA VERDE)
C/ Cea Bermúdez, 1
28003 – Madrid
TF. 91 308 99 99 /99 50
Metro: L.2 y L.7 (Canal)
Bus: L 2, 16, 37, 61, 149, N23)
Parking: Parking Galileo 26 o Parking Quevedo
