Adolfo Marsilach inició la recuperación del Teatro Clásico Español. Prácticamente había que partir de cero, una vez que el clásico terminó por ser sinónimo de aburrimiento y trasnochado.
Cervantes llegó de la mano de Francisco Nieva, con unos Baños de Argel en el que se incluían pasajes de El trato de Argel. Un espectáculo en el que la escenografía tomó gran protagonismo.
Las trescientas páginas de El retrato de Dorian Gray, la novela de Oscar Wilde, que requieren muchas horas de lectura, han sido convertidas en un espectáculo teatral de poco más de dos.
Vuelve Matarile a explorar sus temas y obsesiones preferidas. Y lo hace desde el humor y el lirismo habituales y con un acentuado tono festivo que dejan sólo entrever la mirada irónica sobre algunos aspectos inquietantes de la convivencia humana.