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SUITE LA IMAGINACIÓN FRENTE A LA REALIDAD |
Hay una escena cero, una especie de introducción en la que una mujer recuerda como conoció al hombre con el que lleva casada treinta y un años. |
SUITE LA IMAGINACIÓN FRENTE A LA REALIDAD
Hay una escena cero, una especie de introducción en la que una mujer recuerda como conoció al hombre con el que lleva casada treinta y un años. Enseguida empieza la acción propiamente dicha. El matrimonio celebra su aniversario de boda, pero nada indica que la jornada transcurra de forma distinta a cualquier otra de su rutinaria vida. Mientras él limpia y ordena los diminutos muebles de una casa de muñecas, ella lee. Apenas hablan y cuando lo hacen es con desgana. Sin embargo, no es un día como los demás. Su hija, casada cinco años antes, ha abandonado a su marido porque la engaña y se ha instalado provisionalmente en un hotel. Ambos espacios, el salón del matrimonio y la habitación que ocupa la hija, comparten el escenario. Reconocemos en ellos las estancias frías, habitadas por seres callados y como ausentes, que retratan las pinturas de Hopper.
Lo que sucede luego, nos va confirmando que debemos dudar de lo que vemos y oímos, empezando por la descripción que la mujer ha hecho de aquel primer encuentro. Sospechamos que es fruto de su fantasía o que le ha sido inspirada por la lectura de los libros que devora. Las escenas siguientes, presentadas como fragmentos de una historia oscura y llena de lagunas, rememoran un pasado seguramente ficticio y nos sitúan en un presente sin futuro. A lo que asistimos es al un sordo combate entre la imaginación estimulada por las dificultades para cumplir los deseos de los personajes y la inevitable y cruda realidad. Esta pieza de Carles Batlle, destacado representante de los dramaturgos catalanes que surgieron a la sombra de Sanchis Sinisterra y encontraron su mejor tribuna en
Estamos ante un texto que ha sido calificado, en alguna ocasión, de ambiguo y hermético. No lo es en absoluto, pero hay que admitir que no tiene la sencillez de una comedia al uso. Exige, para su cabal comprensión, algún esfuerzo intelectual por parte del espectador. La lectura que Luis Maluneda ha hecho de la obra contribuye a facilitar esa tarea, y ello manteniendo íntegra la complejidad de la propuesta autoral, incluidas las continuas rupturas espacio temporales que se producen, y eludiendo hacer concesiones que, sin duda,
Los cuatro actores que componen el reparto mantienen viva la tensión dramática desde los primeros compases del espectáculo. Pepa Sarsa, que interpreta a la mujer madura, realiza uno de sus mejores y más intensos trabajos en un papel que parece hecho a su medida. Igual cabe decir de Abel Vitón, el esposo, que nos muestra, desde el escueto discurso salpicado de voluntarios silencios de su personaje, un enorme vacío interior. En roles de menor calado, Clara Macias y Jorge del Río, con un incipiente y ya interesante bagaje actoral, dan vida, respectivamente, a la hija y al yerno de los protagonistas, representantes de una generación que, perpleja, no logra romper con la rutina de la que le precede
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